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Sintonía fina

Llegar primero. Empezar el día cuando empieza para mí, no cuando se supone que debería empezar. Empezar porque quiero. Porque me gusta. Porque me hace bien. Son razones suficientes para ir abriendo espacio.

¿Y qué hacer a estas horas? Recuperar la propia agenda. La capacidad de actuar. Decidir. Hacer. ¿Qué hacer? Lo que estoy haciendo. Escribir. Publicar. Compartir. Sembrar. Seguridad y esperanza. Me he dado cuenta de que la seguridad es imprescindible. Saber qué es lo que está pasando. Seguir mi propio ritmo.

Ya pasó el tiempo en que debía mantenerme a la defensiva contra la mediocracia de turno. La gente envidiosa que anda por ahí tratando de serrucharte el piso. Ya hace tiempo que digo lo que quiero. Lo que me parece valioso. Lo que veo. Lo que hace bien. Lo que voy descubriendo de mí y del mundo.

Este conocimiento de primera mano, experiencial, nunca es solamente personal. Es comunitario. Compartido. ¿Qué me hace bien? ¿Qué me alegra? Ser dueño de mi tiempo. Por eso es que me aferro con uñas y dientes a estas horas tempranas del día. Es cuando todo es posible. Cuando puedo ser sin concesiones ni restricciones.

Es un viejo hábito que mantengo. A la altura de mí mismo en que me encuentro, sin embargo, no tengo más remedio que acostumbrarme a la cogestión. La coparticipación. La complementariedad. Así es como uno crece. Voy más lejos abriendo espacio para lo que ve alguien que está muy cerca y que ve lo que yo no veo. Entonces gano fuerza.

Me expando y crezco. Aparezco. Cuando hago lo que me hace bien, me siento bien. Es muy simple. Por eso es que insisto en hacer lo que me hace bien. Un paseo. Un contacto con alguien querido.

Un libro. Un cuaderno. Unas anotaciones. Ir buscando lo que he ido descubriendo de mí, y que me pone a tono conmigo mismo. Sintonía fina. Así voy más allá de limitaciones que por ahí me impiden de moverme.

Rumbo

¡Qué maldición el parasitismo! La delincuencia política instititucionalizada. La maldad entronizada

La perversión hecha política de estado

El terrorismo de estado

La impunidad a los crímenes de lesa humanidad

La injusticia hecha cosa común y corriente

Qué maldición un mundo sin reglas, sin normas, sin valores, sin justicia

Sí, mi Dios, sin justicia somos menos que bestias

Ser humano da trabajo. Mucho trabajo

Por poco hay quien se venda

Pero resistir en el buen camino, en el amor que orienta y guía

Y sobre todo insistir en la solidaridad, la claridad

La acción honesta y correcta

Creo que no puede haber una distinción mayor

A la vuelta de este mi ya largo camino

Hay veces que miro para atrás

Y me admira haber llegado hasta aquí

Y seguir viendo lo mismo que ayer

La maldad banalizada

La vida desfigurada por la mediocridad oportunista

De Argentina a Brasil un vai ven

Yendo y viniendo hasta ver de nuevo mi patria levantarse de sus ruinas

Brasil salir también de las sombras de lo siniestro

Y otra vez lo mismo

¡Dame perseverancia, Dios!

Para que siga creyendo y construyendo un mundo bello

En que la vida y el amor sean lo supremo

El trabajo de aprender cada día a sobrevivir en condiciones adversas

Sin perdernos

Sin perder el rumbo

A tu casa, Señor

¡A  la tierra prometida donde siempre brilla el sol!

En colores

El amor organiza, orienta, ordena

Buscando una dirección, encuentro el rojo y amarillo. Fuerza y confianza.

El celeste. Confianza y seguridad.

Los colores son para mí un medio más claro y directo de encontrar una dirección.

Comprenden también comprensión y sentido

La simplicidad substituye el caos de la mente, que presenta infinidad de argumentaciones, justificativas, propuestas

Ningún descubrimiento mío es realizado exclusivamente en soledad

Todo es recogido y probado comunitariamente, en relación

Incluye también el estudio de la ciencia. Sociología, filosofia, poesía

Arte.

La memoria provee el conocimiento de lo que resultó efectivo y eficaz en el pasado

Pero el presente presenta constantemente la necesidad de prestar atención a lo nuevo

Un contexto macrosocial de justicia, seguridad, esperanza, paz y crecimiento colectivo, es ciertamente mucho más propicio para el desarrollo personal pleno, que situaciones de ilegalidad, abuso de poder, impunidad, miedo, odio.

Igualmente, el desafio del vivir impone continuamente la necesidad de enfrentar el desafio de ser capaz de reformularme sin desfigurarme. Ceder sin anularme. Fluir respetándome.

¿Como puedo seguir siendo yo, intenso y total, sin forzarme, dismuinuyendo la autoexigencia? Descubriendo que puedo elegir. Puedo parar y esperar.

Pare, mire, escuche.

Terapia Comunitaria Integrativa en español

Puede ser que yo haya estado aparentemente ausente de las rondas de TCI en español de los viernes. Pero no es así. No puedo estar ausente de un lugar que se fue haciendo podría decir indispensable para mí.

Lo mismo digo de la Red Internacional de TCI en Español. Es que la vida me trajo de vuelta a Mendoza, el lugar donde nací. Y estoy viviendo días en familia. Extrañando en varios sentidos mi tierra natal. Tan rica y próspera aparentemente. Tan diferente de Joao Pessoa, donde vivo habitualmente.

Ahora la calandria canta anunciando la llegada del nuevo día. Este espacio de TCI en español se fue haciendo muy valioso para mí. No menos que las rondas en portugués, debo decir. Pero hablar de mis sentimientos entre ustedes, reverme, rever mi historia en español, tiene un sentido especial. Es mi lengua materna. De aquí vengo.

Migrante. No dejé de ser un migrante. Hay cosas que solamente supe al escucharlas en español, en rondas de TCI en español. Hay veces que las palabras desdicen lo que queremos decir. Entonces es mejor escuchar. Escucharme. Escuchar. ¿Adónde quiero llegar? Adonde estoy. Ser migrante me enseñó esto. El ir llegando.

Lo vi claramente en el texto de Adalberto Barreto, “As dores da alma dos excluidos no Brasil.” Y sigo viendo que el proceso de regreso es continuo. A menos que yo esté plenamente atento y presente, podré estar perdiendo la vida, que es sólo de ida. Por eso es que les escribo. Por eso es que escribo.

Por eso es que estoy con ustedes aun no estando. Sigo escuchando el canto de la calandria, y la luz del día ya se va mostrando en el cielo. Tengo la sensación muchas veces de estar en un mundo extraño e inaccesible, hasta cierto punto. En otros momentos me parece que con toda la tecnología y modernidad imperante, nada cambió o casi nada.

La vida sigue siendo ese lento e imperceptible ir transcurriendo. Ir pasando, como dice el poema de Jorge Luis Borges, “Arte poética.” Hay muchas cosas que aprendo con gusto y no sin cierta perplejidad. El lenguaje incluyente o inclusivo.

Les agradezco la atención y la resonancia que me brindaron en muchos momentos. Hemos construido vínculos. Pertenecimiento. He podido ver de otra manera, hechos y sentimientos que me esclavizaron en el pasado. Me encadenaban a un pasado que ni siquiera era mío.

Me toca ahora habitar un presente del que soy un visitante inesperado. Alguien que de pronto se admira de estar donde está y de ser quien es. Esto lo registré en mi libro Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo. Es el nacer continuo. Poiesis. Les puedo asegurar que formar parte de esta red es y seguirá siendo para mí esencial. Gracias!

El arte de vivir

¿Qué escucho de mí cuando me escucho?

Todo lo que soy

Todo lo que viene

Lo que soy y lo que no soy

Como estoy

Todo esto recibo y acojo sin discriminación

Abiertamente

Tengo todo el tiempo del mundo para recibirme

Abro las puertas y me doy la bienvenida

¡Qué tal, tanto tiempo!

Entonces puedo estar e interactuar en el otro mundo

El mundo extraño y distante

El mundo impuesto y supuesto

Por supuesto que este trabajo

Es cotidiano y placentero

Alternado e interrumpido

Proseguido y continuado

Es el arte de vivir

Concedo y cedo

Procedo a insistir siempre en lo mismo

Veo mi cara y me reconozco

Desconozco réplicas mías que puedan andar por ahí

Soy sólo esto

Y ya no me fuerzo a contrariarme

Más bien estoy a mi favor

Me apoyo en quienes me apoyan y respetan

Y a mi modo

Sigo adelante

Un paso por vez

En esta biblioteca incesante de los días

Me rehago y recompongo

Lloro y río y espero y sueño

Con un mundo donde podamos ser hermanos y hermanas

Donde nadie tenga que sufrir para que otras personas vivan mejor

No soy redentor ni salvador ni nada que se pueda parecer a esto

Solamente soy alguien que sabe que tiene una tarea por realizar

Y la realizo

Es lisa y llanamente la tarea de ser yo mismo todo el tiempo

Eso es el arte de vivir

Transformar en oportunidades las adversidades

Saber que siempre hay una salida posible

Y que siempre las cosas acaban terminando bien.

 

Rumbo

Siempre me llamó la atención, desde temprano en la vida, el excesivo espacio dado a lo que no sirve, a lo que anda mal, a lo que no es como debería ser. No es que crea que debamos aceptar todo o estar de acuerdo inclusive con lo que nos hace mal. Para nada.

Tenemos que defendernos, sí, como no, de lo dañino. Esto es imprescindible. Pero de ahí a pasarnos la vida prestando atención a lo malo, a lo inútil, a lo que no sierve para nada, hay mucha distancia. La escena política, así como la prensa y las redes sociales, son un ejemplo gritante de esto. ¿Y ya no voy yo yendo por el mismo camino?

Lo que estoy tratando de decir, a ver si lo digo de una vez por todas, es que en algún momento, o en todos los momentos, tenemos que poner el foco en lo positivo, lo que queremos, los sueños que nos mueven, aquello que le da sentido, sabor y placer, alegría y felicidad a nuestra vida.

Para mí el arte, el buen humor, la fe, la oración, el mero andar por el mundo como quien está disfrutando de estar vivo, de pronto me llenan de bien estar, bien sentir. El poner las energías en una dirección constructiva, una meta a alcanzar, algo a conquistar, me resulta inmensamente sanador.

El hacer juntos, juntas, movernos en comunidad hacia metas superadoras, una vida más plena, se parece mucho con el paraíso. Mirando ahora desde la perpectiva del camino recorrido, me viene una sensación como de paz, tranquilidad. El crepúsculo tiene mucho de eso. Una luz que precede a la noche.

¡Que esa luz nos ilumine y nos guíe sin cesar!