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Terapia Comunitaria Integrativa en español

Puede ser que yo haya estado aparentemente ausente de las rondas de TCI en español de los viernes. Pero no es así. No puedo estar ausente de un lugar que se fue haciendo podría decir indispensable para mí.

Lo mismo digo de la Red Internacional de TCI en Español. Es que la vida me trajo de vuelta a Mendoza, el lugar donde nací. Y estoy viviendo días en familia. Extrañando en varios sentidos mi tierra natal. Tan rica y próspera aparentemente. Tan diferente de Joao Pessoa, donde vivo habitualmente.

Ahora la calandria canta anunciando la llegada del nuevo día. Este espacio de TCI en español se fue haciendo muy valioso para mí. No menos que las rondas en portugués, debo decir. Pero hablar de mis sentimientos entre ustedes, reverme, rever mi historia en español, tiene un sentido especial. Es mi lengua materna. De aquí vengo.

Migrante. No dejé de ser un migrante. Hay cosas que solamente supe al escucharlas en español, en rondas de TCI en español. Hay veces que las palabras desdicen lo que queremos decir. Entonces es mejor escuchar. Escucharme. Escuchar. ¿Adónde quiero llegar? Adonde estoy. Ser migrante me enseñó esto. El ir llegando.

Lo vi claramente en el texto de Adalberto Barreto, “As dores da alma dos excluidos no Brasil.” Y sigo viendo que el proceso de regreso es continuo. A menos que yo esté plenamente atento y presente, podré estar perdiendo la vida, que es sólo de ida. Por eso es que les escribo. Por eso es que escribo.

Por eso es que estoy con ustedes aun no estando. Sigo escuchando el canto de la calandria, y la luz del día ya se va mostrando en el cielo. Tengo la sensación muchas veces de estar en un mundo extraño e inaccesible, hasta cierto punto. En otros momentos me parece que con toda la tecnología y modernidad imperante, nada cambió o casi nada.

La vida sigue siendo ese lento e imperceptible ir transcurriendo. Ir pasando, como dice el poema de Jorge Luis Borges, “Arte poética.” Hay muchas cosas que aprendo con gusto y no sin cierta perplejidad. El lenguaje incluyente o inclusivo.

Les agradezco la atención y la resonancia que me brindaron en muchos momentos. Hemos construido vínculos. Pertenecimiento. He podido ver de otra manera, hechos y sentimientos que me esclavizaron en el pasado. Me encadenaban a un pasado que ni siquiera era mío.

Me toca ahora habitar un presente del que soy un visitante inesperado. Alguien que de pronto se admira de estar donde está y de ser quien es. Esto lo registré en mi libro Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo. Es el nacer continuo. Poiesis. Les puedo asegurar que formar parte de esta red es y seguirá siendo para mí esencial. Gracias!

¡Cuente su historia!

Desde muy temprano comprendí la necesidad de escribir. Contar mi historia. Lo que iba viviendo, lo que iba viendo.

Sigo viendo la importancia de escribir, contar nuestra historia. Qué es lo que aprendí, qué es lo que voy comprendiendo. Inclusive en las capacitaciones en Terapia Comunitaria Integrativa, siempre les digo a las y los participantes, que escriban. Que cuenten su historia.

He tenido la satisfacción de publicar en Consciência, algunas reflexiones de participantes de rondas de TCI (Círculos de escucha, etc). Aquí va una: https://revistaconsciencia.com/las-bases-de-lo-que-soy/ Voz plural. Sentimientos compartidos.

Experiencias que comprueban que no hay nadie que sepa más que las demás personas: Hay saberes diferentes, complementarios. Cuando me abro a esta pluralidad, crezco y aparezco. Me fortalezco. Solo, tiendo a cerrar mi mundo.

En fin, compañeras y compañeros. ¡Vamos juntas y juntos!

¿Cómo es que mis fragilidades y vulnerabilidades son mi fortaleza?

Cuando me hago esta pregunta, veo la trayectoria total de mi vida. Los caminos que me trajeron hasta aquí. La persona que soy en sus múltiples dimensiones.

El arte. El juego

La acción educativa

El humor

La fe. La familia.

Voy a enumerar hasta ocho campos de actuación.

La sociología. La ciencia.

La poesía.

¿Qué es lo que une, lo que junta todo esto?

Un sentimiento, o varios.

¿Cuáles son mis vulnerablidades o fragilidades?

Una sensación como de inadecuación, no pertenecimiento, extrañeza.

¿Cómo es que esto es una fortaleza para mí?

¿Consigo ver el nexo entre una cosa y otra?

Justamente lo que me mueve y me mantiene activo, es esa sensación de desborde, de impulso contínuo hacia algo que quiero alcanzar.

Como si no hubiera fronteras entre yo y el mundo.

Esto me fuerza a un equilibrio constante. Una atención permanente para no chocar contra los límites establecidos socialmente. Choco y vuelvo.

Me doy cuenta de que es natural. Soy así. No hay nada de malo, nada equivocado, ninguna deficiencia ni defecto.

Busco constantemente algo que está en mí y me envuelve.

Me perdono por ser así y no de otra manera. Me abro al entorno buscando acogimiento.

Lo encuentro pues sinceramente necesito imperiosamente, vitalmente, saber que tengo un lugar en el mundo.

Despegarme del pasado no es olvidar

Es dejar de estar preso a una cadena causal

A una idea de que porque me sucedió esto y aquello

Entonces soy así.

Yo no soy así porque me pasó esto o aquello

Soy así porque decidí ser así

Decidí ser como soy

En medio de las circunstancias que me tocó vivir.

Terapia Comunitaria Integrativa y Sociología

Vengo trabajando sobre la TCI como una forma de liberación de la persona, en el sentido de la posibilidad que se encuentra, en este contexto relacional, de que seamos simplemente humanos y humanas. (1)

Algo tan sencillo y al mismo tiempo tan contundente y concreto. En vez de ser tratados/as según alguno de los atributos diferenciadores tales como clase social, nivel socio-económico, nacionalidad, religión o falta de ella, etc, en el ámbito de la TCI somos simplemente personas. Gente.

Esto lo fui descubriendo y comprobando desde que me inserté en la TCI como una actividad de extensión del Departamento de Enfermería en Salud Mental y Psiquiatría de la UFPB, en 2004. En esa época yo luchaba denodadamente para librarme de la depresión.

Lo fui consiguiendo en medio de gente simple, pobre materialmente pero muy rica en alegría y en capacidad de superación, así como en la solidaridad. En esas rondas que se realizaban en la Asociación de Moradores del conjunto de los Ambulantes, en Mangabeira, región periférica de João Pessoa, Paraíba, Brasil, fui recuperando mi propia fe.

La capacidad de saber que yo podía. Sí. Yo podía volver a ser el que yo era antes de la dictadura. Esta era mi meta, sin que yo lo supiera conscientemente en aquél momento. Recuerdo como si fuera ahora, las palabras y el gesto de Socorro, una participante de las rondas.

“Dar vuelta la página”, dijo ella, cuando relaté mi sufrimiento. Ahora, 18 años después, estoy dando vuelta la página. En realidad he venido dando vuelta esa página y otras asociadas, anteriores y posteriores a la dictadura, en contínuas rondas de TCI de las que vengo participando desde entonces.

Este proceso de recuperación de mi identidad total, mi sentido de pertenecer, mi derecho a vivir y ser feliz, ha sido la razón de mi vida desde siempre (3). En la TCI encontré el lugar apropiado para seguir existiendo cada vez con más energia y entusiasmo, con más fé.

He relatado este trayecto en mi libro Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo (4). Anteriormente yo me sentía más bien como una especie de bicho raro. Un exilado perpetuo. Un hombre de ningún lugar.

En la TCI encontré y sigo encontrando esa especie de paraíso que consiste en ser yo mismo todo el tiempo. Un yo plural y diverso. Lo mismo le sucede a las persoas a mi alrededor. Se supera la antinomia individuo-sociedad. Se desvanece la alienación que nos corta y recorta hasta desfigurarnos totalmente (5).

La TCI es una sociología aplicada (6). Entonces se rompen las prisiones relacionales. No tenemos que esperar el fin de la sociedad capitalista para ser libres. Depende de que seamos capaces de ir a fondo en la tarea de encontrar nuestro ser más profundo (7)

(1) Sociología y Terapia Comunitaria Integrativa (2012) http://rue.fenf.edu.uy/index.php/rue/article/view/72/70. Terapia Comunitaria Integrativa y redes sociales (2017) http://rue.fenf.edu.uy/index.php/rue/article/view/243

(3) Identidades, pessoas, comunidade https://revistaconsciencia.com/identidades-pessoa-comunidade/ (2021)

(4) Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo https://drive.google.com/file/d/0B4KS2GvQoLgHQ29BRDdlcDdCMERYWWxTOTVUVHJfVk9YYTgw/view?usp=sharing&resourcekey=0-CvrAJcXede93q4jpTua63w

(5) “A cidadela sociológica: algumas reflexões sobre racionalidade científica e desumanização”, Cadernos de Textos, Série Debates, Programa de Pós-Graduação em Sociologia, UFPB, n. 14, (mayo) 1990, pp. 34-36.

(6) A TCI é uma sociologia aplicada (2021) https://revistaconsciencia.com/a-terapia-comunitaria-integrativa-e-uma-sociologia-aplicada/

(7) ¿Por qué TCI en español? (2022) https://revistaconsciencia.com/por-que-terapia-comunitaria-integrativa-en-espanol-2/

 

Aprendizaje

Muchas veces vengo a este espacio para compartir experiencias. En este hábito, he ido creando para mí mismo el placer de hurgar en mi propia historia y en la experiencia del vivir, que necesariamente me remite a las personas alrededor.

De esta manera, voy ordenando y viendo lo que viene. Recojo perlas preciosas, verdaderos tesoros, que realimentan mis ganas de vivir y mi confianza de que sigue siendo posible la vida.

Por supuesto que no dejo de caer en ciertas trampas, como cuando me he quedado pegado a algunas páginas de mi pasado que insisten en volver una y otra vez. Entonces escucho a las voces circundantes, la voz plural que airea mi espacio interior.

La voz de la comunidad. Me veo en la mirada contígua. Salgo de las prisiones relacionales. Las cárceles de las visiones fijas. Y por increíble que pueda parecer, esto sucede cuando no niego el pasado sino lo integro.

Digo: sí, me cuesta soltar esos recuerdos dolorosos, esas memorias de acontecimentos en que poderes externos se impusieron de tal modo a mi vida y a mi gente, que me tuve que refugiar en otro país.

Ese país era no solamente Brasil, sino mi propia persona. Tuve y tengo que ser plenamente yo para poder seguir. La trampa de la prisión en ese passado doloroso que insiste en volver sin cesar, la voy enfrentando de varias maneras.

Sabiendo que no es sólo a mí que esto sucede. Viendo qué hice para poder sobrevivir. Buscando en el presente una plenitud tal que eclipse las sombras que se presentan. Juego con palabras como siempre jugué con la vida.

Las lecciones que voy aprendiendo en esta inmersión abierta y franca en mi propio ser y en mi propio existir, me van abriendo puertas. Veo que se puede. Voy llegando cada vez más aquí.

No necesito ceder siempre. Puedo y debo ser yo mismo todo el tiempo. Esto supone respeto a mí mismo. Y un fluir que se asemeja mucho a la libertad. Ya no veo tanto a la gente como amenaza.

Mi lugar está entretejido con quienes me rodean. Y aún con quienes me habitan en la memoria y en el sentimiento. Ya casi no hay más soledad. Es más bien integración. Ser parte y sentirme parte.

Mi trayectoria desde el comienzo hasta este mismo instante es una continuidad diversa, múltiple, plural y móvil. El amor vence a la muerte. Creo que esta certeza es la que me mantiene vivo.

Es lo que veo que sostiene lo que existe. Todo pasa, sólo el amor permanece. Digo esto como resultante de la visión total de mi vida desde el comienzo. He ido rectificando lo que pensaba sobre muchas cosas.

Pude perdonarme y perdonar. Saber que no somos perfectos ni perfectas. Evito tanto cuanto puedo, las generalizaciones, que son como el hablar hacia la nada y hacia nadie. Es un show sin espectadores ni espectadoras. Vanidad.

No necesito demostrar nada, probar nada ni justificar nada. Exteriormente se repiten las maniobras atemorizadoras y amenazadoras. Una sociedad basada en el miedo, la culpa y la exclusión. En la contramano, la marcha de las hormigas.

Trato de asimilar el aprendizaje contínuo de la convivencia. La aceptación de mi propia naturaleza impone el deber de la obediencia a mi ser más profundo. Esto es lo que me ha ido garantizando el espacio de la propia sobrevivencia.

La soledad de no pertenecer a un rebaño que camina mansamente hacia su propia autodestrucción, es compensada con la libertad y la fuerza de esos momentos de comunión en que lo real se manifiesta. Una ventana por donde puedo ver el cielo. El cielo es aquí. Es lo más próximo. Lo íntimo. Un lugar donde nada ni nadie nos puede dañar.

Esta apuesta es antigua. La recuerda el evangelio al hablarnos del reino de Dios. No podemos decir que Jesús haya fracasado. Al contrario, es cada vez más patente que sus palabras, sus gestos y su vida, son un espejo en el que podemos mirarnos. Hacer tesoros en el corazón.

Es eso. Lo que nos destruye y nos mata es la disociación. No podemos obedecer a dos señores. Ahora ya la luz del sol empieza a mostrarse en medio de la oscuridad. Está empezando el día. ¡Que esa luz nos guie!