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En colores

El amor organiza, orienta, ordena

Buscando una dirección, encuentro el rojo y amarillo. Fuerza y confianza.

El celeste. Confianza y seguridad.

Los colores son para mí un medio más claro y directo de encontrar una dirección.

Comprenden también comprensión y sentido

La simplicidad substituye el caos de la mente, que presenta infinidad de argumentaciones, justificativas, propuestas

Ningún descubrimiento mío es realizado exclusivamente en soledad

Todo es recogido y probado comunitariamente, en relación

Incluye también el estudio de la ciencia. Sociología, filosofia, poesía

Arte.

La memoria provee el conocimiento de lo que resultó efectivo y eficaz en el pasado

Pero el presente presenta constantemente la necesidad de prestar atención a lo nuevo

Un contexto macrosocial de justicia, seguridad, esperanza, paz y crecimiento colectivo, es ciertamente mucho más propicio para el desarrollo personal pleno, que situaciones de ilegalidad, abuso de poder, impunidad, miedo, odio.

Igualmente, el desafio del vivir impone continuamente la necesidad de enfrentar el desafio de ser capaz de reformularme sin desfigurarme. Ceder sin anularme. Fluir respetándome.

¿Como puedo seguir siendo yo, intenso y total, sin forzarme, dismuinuyendo la autoexigencia? Descubriendo que puedo elegir. Puedo parar y esperar.

Pare, mire, escuche.

Son las primeras horas del día

Llueve y el canto de los pájaros es una alegría

Más allá de esta rima fácil

Decido que voy a seguir siendo yo mismo

Lo mismo que he hecho hasta aquí para sobrevivir

Seguir adelante, que es talvez menos altisonante

Sin creer que podría llegar a alguna perfección

Sabiendo que soy esta contradicción

Entre alguien que se busca y uno que ya se encontró

Uno que se sabe diverso y múltiple

Y otro que todavía cree que podría ser y es

Uno solo.

El sentido de la vida

Este espacio es una posibilidad de encuentro y reflexión sobre lo que es más importante en la vida. El sentido del vivir.

A menos que nos volquemos decidida y claramente en dirección hacia este sentido fundamental y básico, la propia vida se resentirá de una falta de dirección, coherencia, consistencia.

El mero vivir no es suficiente. Es necesario que nos apropiemos de esta circunstancia extraordinaria que es nuestra existencia, y nos hagamos cargo de lo que esto significa.

Me refiero al hecho de que el estar vivos/as demanda de nuestra parte una actitud activa. Elecciones, decisiones. Rumbos. Caminos que tomamos o dejamos de lado.

¿Qué voy a hacer? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Qué sentido tiene? Cuando adoptamos esta postura activa y responsable, la vida empieza a venir hacia nosotros/as con sus tesoros.

Puede ser que yo este regando una planta, escuchando un pájaro, pensando en mi familia que vive lejos, recordando gente querida que me compone por dentro.

Sea lo que sea que yo esté haciendo, al hacerlo conciente puedo irlo viendo como mío. Ya no es algo que meramente sucede. Es algo que elijo. Este cambio es radical.

En los días de hoy me parece que hay un número enorme de gente a quien la vida le importa poco y nada. Es como si meramente se dejaran estar.

Van adonde les llevan. Hacen lo que les dicen o lo contradicen. Más reaccionan que eligen. Trato de salir del mero automatismo. Trato de estar cada vez más presente. Ser cada vez más yo.

Así voy descubriendo un sentido del vivir que me llena de alegría y confianza. La escucha atenta a mí mismo. La observación también atenta al mundo circundante.

El registro cotidiano de este estar aquí. La conexión de todos los pasos que fui dando a lo largo de la vida. Recojo algunos tesoros preciosos que vienen de mi interior.

Los comparto por creer que la experiencia humana es social. Comunitaria. Somos costuras de tiempo. Creo que los colores que veo en mi interior son lo más valioso que encontré hasta ahora.

“Buscad y hallaréis, pedid y se os dará,” leemos en el evangelio. Este volver la mirada hacia adentro se agudizó desde que me vine a vivir al campo. Creo que cada persona construye su proprio camino.

Rehacer

La posibilidad de venir a este espacio crea la sensación de que es posible seguir insistiendo. Resistiendo. En un momento en que pareciera que hubiérmos perdido las raíces, la historia y la memoria, la identidad, el sentido de pertenecimiento y el propio sentido del vivir, resurgen con fuerza la capacidad resiliente y el empoderamiento personal y comunitario.

La apuesta en el aquí ahora. La familia, las amistades, la colaboración recíproca. La fe, el arte, la cultura, la ciencia, la filosofía, la poesía. Lo que es propiamente humano se potencializa al máximo cuando está al borde de la extinción.

El Brasil que venía constituyéndose como un país para sí y para el mundo sufrió duros golpes desde 2013, cuando Aécio Neves, el candidado derrotado del PSDB a la presidencia de la república, anunció que irían a sacar al PT del poder. Lo hicieron.

Persiguieron sin piedad a Lula y lo condenaron sin pruebas. Deshicieron el orden constitucional, pervirtieron la justicia, consolidaron un legislativo dócil a la política de exclusión social y explotación tan del gusto de las élites oligárquicas.

Pero el país sigue vivo. Retrocediendo en todo lo que fueron conquistas sociales y laborales. Volvió el hambre y el desempleo. El gobierno ilegal e ilegítimo surgido del golpe de estado de 2016 revivió el más lamentable estado colonial que este país conociera.

Ahora retardan la vacunación. Muerte es el programa de este gobierno. Y al decir gobierno estamos diciendo legislativo, ejecutivo y judicial. Este país se va a vacunar, sí. Morirá mucha gente debido a la voluntad asesina del actual gobierno nacional.

Pero quienes sobrevivan tendrán que aprender a tomar más en serio la política. Política no es solamente partidos y estado. Es cotidiano. Es buen día y buenas tardes. Es respeto a las diferencias. Es crecer con la convivencia diversificada. Es ver lo humano más allá de lo ideológico. Es ver la verdad más allá de la desinformación y la calumnia.

Aprendizaje

El momento me parece propicio para una atención especial a nosotros mismos/as. Una mirada más atenta a la vida que estamos llevando.

No podíamos continuar así. Como dice el Papa Francisco, creyendo que podríamos estar sanos en un mundo enfermo. ¿Adónde estábamos yendo con tanto apuro?

La vida es un fin en sí mismo, es un objetivo a alcanzar, algo a ser disfrutado y configurado de manera propia, personal, singular.

El sistema capitalista transforma la vida en medio de vida. Entonces vivimos para alcanzar algo que no es la propia vida, no es la plenitud, la conciencia plena y unificada, la unión con todo.

La situación actual, de confinamento y aislamiento social, nos obliga a volcar nuestra atención a lo más elemental y básico, ese mínimo precioso que es la propia vida.

Lo primero que descubro es un retorno a una sensación primera y virginal. Un sentimiento de alegría y placer, confianza y paz.

La niñez. La vida en familia. Los juegos en el patio de la casa. Los malvones, que veo ahora metamorfoseados en hortensias.

Rosado y verde. Una sensación inicial que permanece. También me doy cuenta de que necesito menos cosas. Menos de todo.

Menos sentimientos de culpa y rabia. Menos objetos, menos objetivos, menos pensamientos. Más concentración y fluidez.

Foco en el amor. Menos certeza de que tengo razón sobre todas las cosas y en toda ocasión. Todas las palabras, todas las cosas, tienen significados diferentes para todo el mundo, y cambian constantemente.

No necesito repetir constantemente los mismos hábitos,  puedo abrirme a lo nuevo de este instante. Puedo aflojar las prevenciones, el miedo, el prejuicio.

Puedo hacer de mi historia un reflejo consistente que me potencializa para un vivir en paz y feliz. Puedo disfrutar de las pequeñas cosas: un libro, una flor, un color, la voz de una persona querida, el vuelo de un pájaro.

Creciendo

El Estado y la estructura y organización social capitalista no establecen límites intransponibles para el desarrollo humano.

Es posible que podamos realizarnos como personas aún en medio de situaciones de exclusión social, explotación, manipulación y alienación que nos son impuestas.

Digo esto porque no me he resignado (y espero nunca resignarme) al cuadro de desesperanza y desesperación que se planta tanto desde los llamados medios de comunicación como desde distintos lugares de las esferas política y social.

Hay lugares donde se reconstruye la vida cada vez que el sistema atropella e invade. Es la esfera íntima de cada persona.

Son las familias que sobreviven a la trituración y al desfiguramiento ético y valorativo que se trata de naturalizar como precondición de la continuidad de este sistema perverso.

Son pequeños o no tan pequeños grupos caracterizados por relaciones cara a cara, en que se cultiva el espíritu, la fe, la ayuda mutua, la solidaridad, la confianza, la creatividad, el arte, la cultura.

Estos lugares son la posibilidad de que la humanidad prosiga. Estas semillas concretas y efectivas que se substraen al dios dinero, a la utilidad o la ganancia, son verdaderas respiraciones del cuerpo social.

En vez de la ideología del odio o del afán de dominar o domesticar, prevalece la gratuidad, la espontaneidad, el afán de servir desinteresadamente. La identidad e integridad se recuperan grupalmente, colectivamente.

El confinamento nos ha puesto en el centro de este espacio que en las condiciones anteriores a la pandemia frecuentemente era dejado de lado. Ahora no hay muchas posibilidades de evasión.

El encuentro consigo mismo(a) es inevitable. Como en otras situaciones del pasado en que también el panorama parecía dominado por un estrechamiento de posibilidades, podemos aprovechar para crecer.

La ruptura de la rutina nos reconecta con el presente. Se deshacen los velos de la ilusión. El automatismo de las conductas se revela inadecuado para encontrar lo nuevo. Podemos poner este desafío a nuestro favor.