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Tomar la vida en serio

¿Qué podría llegar a ser tomar la vida en serio? Vivir intensamente. Disfrutar de lo que es estar aquí. Ser feliz.

Vengo de la playa de Cabo Branco. El barranco a lo lejos. La gente bajo las sombrillas. La sombra de las castañolas sobre la arena. Un espectáculo.

No me preocupa saber qué voy a hacer con mis escritos anteriores. Si los tengo guardados o no. Sé que los soy, hasta el punto en que mi memoria es fiel. Lo que me importa es saber que sigo viniendo en palabras.

Y sobre todo leer. Leer mucho. Libros y a mí y al mundo en que vivo. Leer mucho no es necesariamente leer muchos libros, aunque esto también sucede. Es dejarme llevar por lo que leo. Ir allá, que es acá u otros lugares.

Ampliar mi mundo. Reconocerme. Tranquilizarme. Llenarme tanto de mí y de todo que ya casi mi dentro y mi afuera sean una sola y la misma cosa. Yo guardado en el tiempo y en el mundo. Esto es lo que venido haciendo y sigo haciendo.

Una escultura infinita que ya estaba o que fui haciendo y sigo haciendo. El mar por ahí la disuelve y renazco hasta la próxima oleada. El sol me cubre y me dejo llevar por el viento hasta aquí de nuevo.

Renacer

Ya se escucha el canto de las aves. Ahora ya falta poco para que salga el sol. La luna detrás de una nube. Y los edificios de la ciudad en el horizonte.

Nada tan bueno como vivir la propia vida. El corazón contento lleno de alegría. La belleza que llama a disfrutar nuevamente de la jornada. Aprendiendo a vivir en relación sin rendirme. Lo supe desde siempre. Es que ahora es más consciente.

Junto mis tiempos cuando escribo. Imposible no conectar la alegría que siento, con el momento que se vive en Brasil. La diversidad en movimiento. La inclusión social y la integración social como pauta del gobierno de Lula. Es volver en el tiempo. Mis tiempos de estudiante.

No dejo de tener los mismos no sé si llamar de defectos, ya que trato de no juzgarme ni condenarme, pero sí características. Sea como sea que yo soy, es así como me quiero, y esto es ahora algo concreto, pleno y lleno de significado. Dudas, inseguridad, incerteza. Forman parte de la vida.

Más bien veo que mi eje principal sigue siendo lo bello. Lo que anima. Lo que mueve y le da sentido a la vida. Un día comienza y es una especie de preludio de las alegrías que vendrán. Mi foco es cada vez más lo que está siendo. Lo que está aquí.

He ido construyendo y sigo construyendo el mundo en que vivo. Aprendo que existen otras personas además de mí. O además de yo. Yo y las demás personas. Esto que parece una banalidad, está muy lejos de serlo.

Definir y comprender las propias fronteras, discernir los contornos de los límites dentro de los cuales existo, es toda una ciencia. ¡Está lleno de gente que desconoce esto tan fundamental y simple! Antes me dedicaba a enfrentarles y condenarles.

Ahora más bien trato de defenderme de los eventuales inconvenientes que puedan llegar a derivar de la proximidad o contacto con tales seres. No me confundo más, o no me confundo tanto. Sé que tengo un tiempo determinado de vida, que espero esté bien distante.

Sin embargo, mantengo a la vista y a la mano, los recursos que aprendí a descubrir y usar en esta ya larga jornada. Esto me junta conmigo mismo. Disminuye o se extingue la guerra interna. No me disocio más, o casi no más.

Al ser uno, unificado en todos mis tiempos, más bien fluyo con cierta tranquilidad, en un mundo aparentemente tan diferente del que viví, pero sin embargo tan esencialmente igual a cualquier tiempo anterior. Ya no me siento un exilado en el tiempo.

Miro a la gente con sus hábitos y características, y no me siento tan distante de lo que veo. Un trayecto breve entre dos eternidades. Mucha más perplejidad que certezas. Y no sé si por eso mismo, más sorpresa a cada instante.

Y una seguridad que brota de este ir mapeando mi estar aquí, lejos de las rotulaciones que pretenden decir mucho sin decir nada o casi nada. El haber juntado mis tiempos en este ejercicio diario del vivir, me reconcilió conmigo mismo.

Sé que soy el mismo que empezó este camino hace ya tanto tiempo, allá en mi Mendoza querida. Una Argentina que aprendí a amar trabajando para que todas y todos tuvieran derecho de vivir y estudiar. Este sueño mío se viene realizando en el Brasil de Lula.

Y me veo reflejado en la alegría de este pueblo que ahora vuelve a ser feliz. La maldad y la perversión capitalista no son un invento de la izquierda. ¡Son una afrenta a Dios y a la humanidad! Me alegra estar participando otra vez de un renacer que es personal y colectivo, comunitario, al mismo tiempo.

Mi mejor tiempo

Este es mi mejor tiempo. La sintonía perfecta con la memoria correcta. Se abre una brecha en el velo de la nada. La asunción del gobierno popular de Brasil establece la seguridad que necesito.

Es terrible vivir con miedo. Es otro tiempo ahora. Para mí y para este país donde vivo desde hace ya más de 45 años. Toda una vida. El 8 de diciembre de 2022 se cumplieron esos años. El tiempo de mi llegada desde Argentina. Ese mismo día tuve la experiencia singular de estar sin miedo, sin culpas, sin rabia ni odio, y sin resentimiento. Un tiempo mío, plenamente. Duró algunos momentos. El tiempo en que estuve almorzando en el restaurante Taipas, donde suelo comer habitualmente cuando estoy en Cabo Branco. Esta experiencia me ha ido trayendo aún más a este espacio que soy. El lugar de mí. Lo que he venido buscando toda mi vida. El hecho de que lo ande buscando no significa que no lo haya encontrado. Lo busco y lo encuentro y habito. Por eso es que estoy así. Estoy bien.

Todo duerme. Alrededor y a lo lejos, las luces de las viviendas vecinas. El canto de los grillos. ¿Y si fueran grillas? No sé lo que puedan llegar a ser grillas. Me refiero al femenino de grillo. Se trata del lenguaje inclusivo. Incluyente. Como sea que se diga. El asunto es incluír. Incluír de hecho, no solamente con palabras. La palabra es un comienzo. Es el comienzo, la base, el fundamento y la cosa misma. Es todo. Por eso es que ahora tengo aún más cuidado con lo que digo. ¿Qué estoy diciendo? ¿Es lo que yo quiero decir, o es un implante, una imposición externa internalizada? Escucho más que digo. Y cuando digo, sea a mí mismo o a alguien más, es porque es lo que tengo que decir. Tengo especial cuidado en lo que digo a mí mismo y sobre mí mismo.

En este espacio es donde se había instalado un diálogo depreciativo. La autodepreciación. Una perspectiva despectiva, fruto de violencias sufridas e interpretaciones equivocadas sobre mi actitud frente a esas violencias. Yo enfrenté el abuso, o mejor dicho, los abusos de distinto tipo que me tocó enfrentar desde el comienzo. Lo enfrenté de diversas maneras. Resistiendo, denunciando, buscando ayuda, buscando otros espacios de acción donde pudiera ser yo mismo. Nunca tuve una actitud omisa ni siquiera tolerante con el abuso, con la acción abusiva que se intentaba imponerme. Esto me libera. No tengo culpa. Ningún tipo de culpa. Resistí de distintas maneras, y lo sigo haciendo. Los efectos de la tentativa de quebrarme los he ido viendo poco a poco.

¿Qué hice? ¿Qué sigo haciendo? Lo mismo de siempre. Ignorar y resistir. Denunciar y buscar espacios de libertad. Espacios de acción y creatividad. Por eso es que me agarro a esta revista. Ella tiene el mismo nombre de una de corta duración que creamos los y las estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo en los años 1970. Consciencia. Conciencia social. La conciencia es una sola. Es y no es. La conciencia individual no es independiente de la conciencia social. Tampoco es del todo dependiente. Hay una relación de mutua imbricación. No podemos ir más allá de los límites de lo colectivo, y al mismo tiempo debemos ir constantemente más allá, bajo riesgo de desparecer y perder nuestra individualidad.

Nuestra personalidad, nuestro propio ser, es una costura fina entretejida, entrelazada con el mundo circundante. Al mismo tiempo, somos algo que constantemente se rebela, debe rebelarse, a la sumisión que lo masivo intenta imponer. Sin eso, seríamos menos que ser. Seríamos una cosa, una masa. La mayor parte de la gente no siempre sabe que podría ser diferente. Apenas sigue lo que le determinan, en parte. Otra parte, una ranura, sospecha o puede llegar a sospechar, que podría haber una posibilidad de no perderse. Esta brecha es la que exploramos aquí. Es la rebelión. El decir que no a lo inaceptable. Es de tal manera plenificar y poner a nuestro favor el tiempo presente, que nada pueda destruirnos, ni siquiera la posibilidad de la muerte.

Por poco que la persona tenga alguna noción de sí misma, deberá haber sorprendido en su trayectoria de vida, uno o muchos momentos en que se levantó y dijo que NO. No importa demasiado si consiguió evitar el mal. Basta haberse opuesto. Esto NO. ¿De qué lado estuvimos, a lo largo de nuestra vida? ¿Del lado de quienes simplemente bajan la cabeza y se dejan someter, o al contrario, del lado de quienes siempre tuvieron una actitud honesta y directa, clara y firme frente a lo inaceptable? Ha pasado ya mucho tiempo desde el principio. Infancia y juventud, edad madura. Todo lo veo en perspectiva. Ahora veo una luz que brilla como al comienzo, y que nunca dejó de brillar entre medio. Me agarro de esa permanencia, que mi fe sitúa en el campo en que convergen la confianza en mí mismo y en la comunidad, en el futuro.

Mis valores. Sin eso no somos nada. Seríamos mero juguete en medio de las circunstancias. Una hoja al viento. Hoja al viento soy cuando quiero y si es que quiero. Pero soy yo quien decide. Me dejo llevar por el amor. Pero esto es como andar de la mano con la fuerza que mueve y sostiene al mundo. El amor da trabajo. El amor impone tareas. No son tareas forzadas, pero hay que actuar. Hay que decidir por dónde ir, e ir por allí cueste lo que cueste. No hay una actitud pasiva frente al mal. Al mal se lo enfrenta con una actitud decidida y clara en favor del bien y de lo justo. Entonces descubrimos que nunca estamos solos ni solas. Está con nosotros y nosotras una fuerza invencible. Es la que hace girar los planetas y salir el sol todas las mañanas. Como es un tiempo muy confuso, me esfuerzo en ser claro.

El restablecimiento de la democracia en Brasil me devuelve la seguridad que necesito para seguir adelante. Bajo el miedo y las amenazas de muerte es muy malo vivir. La vida se agazapa. Es mejor que haya orden. Respeto a la ley. Andar por la calle con más confianza. Ya se anuncia el desarmamento de la población. Es mejor sin armas. Con libros. Libros que nos muestran que la vida no empezó cuando yo nací ni cuando vos naciste. Había vida desde mucho antes, y es preciso saber, es preciso estudiar, es preciso trabajar para ser gente. No basta nacer para ser humano o humana. Tenemos que hacernos.

Un “presidente” que insultó y violó todos los principios y valores no sólo de Brasil sino de la humanidad, huyó dejando un saldo de muertes y miseria. Empieza otro tiempo. Los tiempos son cortos, esto aprendí. Duran fracciones de segundo. Es la puerta estrecha de que habla el evangelio. Es por donde podemos ir. Es por donde hay que ir.

Mi victoria

Sube y baja. Sol y sombra. Lágrimas y risa. Canto y encanto

Me visitan memorias de violencias pasadas

Abusos impunes

Autoritarismo en varios espacios

¿Qué hice, qué hago con esto?

Lo dejo salir

Lo hago colores y cantos

Encanto me sobra

Para saber que el mundo en que vivo no es un mar de rosas

Tampoco es una fosa

Lloro, llanto

Y mi niño llora y llora

Lo anido y lo acuno

Ya creciste, le digo

Te hiciste un hombre

Sube y baja

Hay veces que se hace de noche durante el día y lloro

El recuerdo del infierno prevalece

Me toca dejar la basura en la basura

Y guardar como un tesoro

Mi victoria

Mis ganas de vivir, amar y ser feliz

Vencieron lo que el ingenio del mal

Quiso imponerme.

Mi frecuencia es la que sostiene al universo

Brotan las plantas y vuelan las aves

Y yo soy ese arco-iris que va y viene

Después de la lluvia y durante la lluvia

Llueve, niño, llora

Que tus lágrimas atesoran aquél tesoro que no puede ser robado.

Sale el sol

En seguida saldrá el sol. Esto no falla. Me pregunto si no será este uno de los motivos por los cuales me sigo levantando: para esperarlo.

Siempre sale el sol. Otras cosas pueden ser o no ser. Esto es siempre.

Siempre sale el sol. Sigue saliendo el sol después de todas las tormentas.

¡Después de todas las oscuridades que pareció que durarían tanto tiempo! Sigue saliendo el sol.

Y seguirá saliendo aún después de que ustedes y yo ya no estemos para verlo. Es bueno recordarlo.

Tenemos más fuerzas para insistir, para seguir, para perseverar en el bien, el amor, la justicia, la solidaridad, la felicidad, todo lo que es noble.

¿Cómo veo la Terapia Comunitaria Integrativa como práctica de cuidado?

(Antes de responder, espero que la pregunta llegue al lugar que soy, adonde estoy. Así no será una respuesta automática.

¿Cómo lo que hago se inserta en mi historia de vida?

Cuando trato de responder a la pregunta que me formularon, surge esta otra pregunta. Entonces es toda mi historia de vida la que sale a flote.)

Veo la TCI como una práctica de cuidado, en los siguientes sentidos. El primero y más importante, es una práctica de acogimiento. La persona es aceptada en un espacio acogedor, es escuchada atentamente, no recibe consejos, ni interpretaciones, ni análisis, ni recetas, ni sermones.

La persona se escucha y se ve a sí misma en la ronda de la TCI. Sabe de si misma al escuchar a otras personas.

El segundo aspecto es que veo la TCI como una práctica de inclusión social. A través de la acogida, la persona se conoce a sí misma, sabe que tiene un lugar, un pertenecimiento. Viene a saber que no está sola, que tiene recursos comunitarios a su disposición.

En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, la persona sabe que tiene un valor. Su experiencia de vida, sus estrategias de superación, sus dolores resignificados, sus cualidades personales, son apreciadas y valoradas, sirviendo para que otras personas también puedan comprender y superar su sufrimiento.

De esta manera, la TCI funciona como un espacio para la recuperación de las personas. Una vez que la sociedad más amplia y los patrones culturales dominantes a menudo tienden a empujar hacia la despersonalización, aquí se hace el camino contrario. Recuperamos nuestro propio rostro, nuestro sentido de vivir, nuestra confianza en nosotros mismos, en nosotras mismas, y en la comunidad. El futuro se rehace como un lugar esperanzador, y no sólo como algo incierto hacia el que se avanza sin ánimo ni estímulo.

En lugar de simplemente vegetar o aguantar, la vida se transforma otra vez (o por primera vez) en algo significativo.

La inclusión social y el cuidado comienzan conmigo, con la propia persona, se extiende a quienes están cerca (familia y comunidad), e inclusive hasta la humanidad, que deja de ser algo abstracto y lejano.

La TCI no es una práctica caritativa ni asistencialista. Es una recuperación de personas que se realiza horizontalmente, en un espejamiento recíproco que tiene un efecto liberador, de contención y potenciación de la autoestima y de las ganas de vivir.

Por último, pero no menos importante, veo la TCI como una práctica de recuperación total e integral de la persona humana. Es decir, no se trata de privilegiar tal o cual aspecto del ser que somos, sino la totalidad de nuestras dimensiones, en un acto que bien puede calificarse de liberador y restaurador.

Todo el ser que soy, en todo su complejo entrelazamiento, puede ser ejercitado y practicado en el espacio terapéutico-comunitario. No hay priorización, sino uma intersección integrada e integradora de saberes y de dimensiones de vida. La fe, la familia, el sentido común, la academia, los chistes, las risas, las canciones, la poesía, la vivencia cotidiana, todo tiene su lugar.

No hay jerarquizaciones opresoras o domesticadoras. Lo natural se armoniza, o tiende a armonizarse, con lo social.

En un mundo donde vemos frecuentemente la presión de las estructuras de poder y dominación social y económica, estrujando a las personas, asfixiándolas, sacándoles el aire, en la TCI, al contrario, la vida se recrea en un ambiente de fiesta, de alegría, de refuerzo de lazos positivos que animan y dan esperanza.

El cuidado conmigo mismo, en este momento de mi vida, está en primerísimo lugar. Amarme a mí mismo, aceptar el ser que soy sin restricciones. Adoptar mi historia de vida, poniendo cada cosa en su debido lugar, como en una biblioteca. Aprendiendo a abollar y a tirar lo que no sirve. Aprendiendo a borrar, para dejar la basura en la basura. ¡Y que venga la primavera, en cada estación, en todas las estaciones!