Creciendo

¿Qué quiero?

En mí está todo bien.

Acepto ser el que soy, ser lo que soy, inclusive a pesar de lo que hay en mí que me causa problemas o no me gusta.

La aceptación total de mí la vengo buscando y trabajando por ella.

¿Qué quiero?

Aceptarme totalmente.

Amarme sin reservas, tal como soy amado en la comunidad, que es vasta y generosa.

Vengo aquí y digo una y otra vez lo mismo, ya que es el empeño en el que vengo empeñándome

Aquí no necesito rebuscar palabras. No necesito ni hablar. Puedo estar en silencio, ya que he vuelto a aceptar esta mi silenciosidad.

Me gusta ser como soy. Y mi arte, o mis artes, son parte de este intento antiguo y actual en el que me reconozco como reconozco también el esfuerzo de quienes encuentro en mi camino.

Esto va deshaciendo miedos sin razón que por ahí todavía reaparecen. Desaparecen cuando vengo de nuevo a mí. A este presente reconfigurado que vengo poblando y recuperando de continuo.

Cuando estoy centrado en lo que quiero y en lo que soy, está todo bien. No me disperso en direcciones que al fin y al cabo pueden perjudicarme o perjudicar a otras personas.

Me permito equivocarme, ya que sé que no existe algo tal como la perfección. Trato de corregirme cuando tropiezo o cuando me advierten de que estoy equivocado. Esto me cuesta bastante.

Pero trato de estar en paz conmigo mismo a pesar de todo. No estar solo, vivir en comunidad, me da seguridad. La seguridad de pertenecer. No ser un sapo de otro pozo. Soy humano. Simplemente humano.

Mi fe me da fuerzas, tal como el pertenecimiento comunitario. No me hace invulnerable, pero me ayuda a seguir adelante, y, en ocasiones, a dar un paso más, cuando es necesario. Esto me hace un poco más humilde, si es que ya no lo soy por naturaleza.

No he tendido a tener un buen concepto de mí mismo, pero esto lo vengo revirtiendo a mi favor, con dificultad, y gracias a una consciencia que vengo adquiriendo con esfuerzo persistente. El autoconcepto positivo viene haciéndose una realidad patente, en la medida que veo la trayectoria total de mi vida. La persona en que me he transformado.

La convivencia con personas de distintos orígenes y características, me ha venido enseñando a ser más benigno conmigo mismo. A ser más amoroso. Y a ver que la vida en realidad fue y sigue siendo más bien a mi favor, tal como aprendo a ser yo mismo a mi favor. Agradezco a la pléyade de personas queridas —y muchas veces desconocidas– que me han dado apoyo para llegar hasta aquí y ser quien soy. Ni un sólo día dejo de agradecerles en mi corazón.

Especialmente soy grato a la revista Consciencia, en la persona de Gustavo Barreto, amigo de tantos años y tantos caminos, bien como a Martim Assueros Gomes, incansablemente poeta. Fue en este espacio donde empecé a ver de nuevo la luz, a saber que yo tengo un lugar en el mundo, así como lo tiene cada persona humana, por el sólo hecho de existir. En algún sentido muy verdadero, tengo los mismos 26 años de esta revista. Crecimos juntos. Nos hicimos juntos. ¡Y ahora el cuadro de flores floreciendo y coloreando el cielo y el mundo, creció!

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