Es un día tenso en Brasil, y yo no haría ningún favor a la causa de la Humanidad, si no aprovechara esta oportunidad para hacerles un pedido especial. Un llamado a la oración. Algo que he tenido y sigo teniendo certeza de que funciona. Que sea un día de paz. Un día de elegir la vida y la justicia, la comunidad, la solidaridad, la educación, la posibilidad de recomenzar, rehacernos una vez más. Confiar en la ciencia. Apoyarnos mutuamente. Saber que la vida es muy corta y que es mejor aprovecharla para ser felices de un modo sano y santo, libre y soberano.
Dejo las palabras venir sin demasiado arreglo o cuidado no sé si decir estilístico o gramatical, por estar en un momento en el que creo que lo mejor es directo al grano. La posibilidad de que la ultraderecha insista en romper el orden institucional recuperado al menos en parte a partir de la elección de Lula en 2022, está en el aire. Flavio Bolsonaro representa esa posibilidad de vuelta al peor de los pasados, que mataron millares de personas en este país. Esto requiere de nuestra parte, de quienes trabajamos por la vida, un esfuerzo redoblado por la paz.
Ya terminando este pedido, no tengo sino que decirles que recen por mí. Recen del modo como su consciencia les dicte, o su tradición, o su corazón. En los años en que he venido y sigo rehaciendo mi vida en Brasil, llegado de Argentina dejando atrás la sombra del miedo plantado por la insistencia de quienes viven de la negación de la vida, he recordado que el esfuerzo solidario sigue siendo una fuerza poderosa. Me toca recordarlo a esta altura de mi vida, en que veo un anciano como Lula más entero que nunca. Más dispuesto que nunca a seguir cuidando de la vida en medio de una cultura dominante que insiste en la dominación y la alienación.
Por eso mi pedido es que este pedido les alcance de la mejor forma. Que este día decisivo nos encuentre como terapeutas comunitarios(as) integrativos(as) de manos dadas y con el corazón puesto en un intento de consolidación democrática que se efective en la continuidad de la reconstrucción social y nacional encabezada por Lula. Mi pedido es personal y comunitario a la vez, recen por la comunidad que seguimos insistiendo en construir, mantener y extender por el mundo. En nombre de San Francisco de Asís, de Nuestro Señor Jesús Cristo, y de Santa María virgen. Protector de la TCI el primero.
No podría dejar de compartirles la alegría de haber podido comunicarme con ustedes de manera abierta y confiada, independientemente de la forma como cada una, cada uno de ustedes pueda llegar a ver el mundo. Mi fe la he seguido recuperando día a día, y lo sigo haciendo ahora que la luz del sol ya va mostrándose en el cielo de João Pessoa, Paraíba, nordeste de Brasil. Desde ya les agradezco su atención, y les dejo mi cordial saludo.
Esta imagen del sol representa lo que no muere. La vida que insiste y resiste. La fuerza de la comunidad.
