Hay un lugar

Poner unas letras a la hoja organiza el mundo. Es una manera de ir llegando. Decir que estoy aquí. Hacerme presente. La vida tiene sus vaivenes. Sus idas y vueltas. Desafíos no faltan. Registrar lo que vamos viviendo puede irnos rescatando del olvido.

Recuerdo mis primeros escritos. Un poema que escribí cuando tenía unos 12 años. No he dejado de escribir desde entonces. Es como si desde las hojas fuera viendo todo lo vivido. Es un lugar seguro. No importa si son esbozos o textos más o menos definidos.

Todo son intentos. Aproximaciones. Esta es una palabra que me agrada. En algún momento la aproximación es tal que parece que alcanzamos el objetivo. Recuerdo mis libros. Los artículos que escribí cuando era profesor. Todo es como un rompecabezas que se junta y me trae una sensación de paz y tranquilidad.

El juego sigue. Es constante. Darle sentido al vivir. La comunidad de que formo parte. Las personas en que me veo. Aquellas palabras que resuenan en mí. En medio de la situación actual de distanciamiento social las aproximaciones se siguen dando de diversas formas.

La humanidad no se detiene. La vida no para. Es un intervalo tenso. Una expectativa de que podamos reconstruir la existencia personal y social de maneras más íntegras. Recuerdo la vida que vino después de que todo pareció acabar.

La juventud que tuve la oportunidad de ir conociendo en sala de clases. Mis hijas e hijos. Ahora me parece haber alcanzado el lugar al que pertenezco. En una ronda de Terapia Comunitaria Integrativa de la que participé hoy escuché un poema de Mario Quintana. El lugar soy yo mismo.

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