Descubriendo

Miro adentro mío y veo. Cosas que cambiaron para mejor en mí. Menos autoexigencia. Más amor a mí mismo. Más aprecio por mis cualidades. Una visión más integrada de mi vida.

Aceptación de mi diversidad interna. Me vuelvo a permitir descansar. Se han juntado mis tiempos, y se siguen juntando. Mi río interior. El agua que corre buscando el mar. Ya llegué y sigo llegando.

No necesito ser perfecto para ser aceptado. Disfruto más de la vida, de cada pequeña cosa. Ya no tengo tanto miedo. Confío más en mí mismo.

Sé que puedo enfrentar victoriosamente cualquier situación que se presente. Trabajo constantemente sobre este sentimiento. Confío también más en las demás personas.

No necesito de tanto reconocimiento, aunque me doy cuenta de que soy admirable. Soy bello. Soy lindo. Soy hermoso. Soy sensible. Amoroso. Profundo. Solidario. Creativo.

Al ver mi vida en perspectiva, evidentemente veo que ya no falta mucho. Esto le agrega sabor e intensidad a cada instante. Muchas cosas simplemente ya no tienen ninguna importancia.

No necesito parecerme a nadie, ni siquiera a mí mismo, aunque todos los yos que fui y sigo siendo, están aquí, abrazados, amigablemente.

Mis tropiezos y caídas, mis inseguridades e indecisiones, no son defectos ni errores. Son la forma como lo humano en mí se presenta.

Así tampoco le exijo demasiado a otras personas. Me he ido potenciando y fortaleciendo a partir de estos y otros descubrimientos.

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