Defender la democracia

Sólo están perdidas las causas que abandonamos.

En Argentina, la movilización para que fueran juzgados y castigados los crímenes contra la humanidad cometidos por la dictadura, fue un ingrediente importantísimo para que esto ocurriera. Parecía imposible. La impunidad había sido siempre la marca de los gobiernos ilegales impuestos por el uso de la fuerza.

En Brasil, hoy, un gobierno ilegal impuesto por el poder del dinero, la corrupción, la manipulación de los medios de información y el uso arbitrario del aparato policial, pretende perpetuarse en el poder. La movilización popular está demostrando que hay una resistencia moral al imperio de la mentira, la fuerza bruta y la infamia.

Esa fuerza moral debe hacerse cada vez más consistente, hasta que sea restabelecido el imperio de la constitución. Los gobiernos suelen ser, en general, reflejo de la dominación social. Los gobiernos de Lula, y el primer gobierno de Dilma Rousseff, establecieron un paréntesis en esto que parecía inamovible.

Se abrió un espacio para los de abajo. La masa de sectores excluídos se redujo. Se combatió el hambre, el analfabetismo, el desempleo. Hoy el Brasil colonia, el Brasil de la explotación esclavista, ha reaccionado y está castigando esta osadía. Destituyeron a la presidenta electa, Dilma Rousseff, sin ninguna base legal.

Rompieron el orden constitucional. La ley y la justicia están hoy al servicio de los partidos oligárquicos. Esto no es sólo contra Lula y contra el PT. Es contra toda persona, organización, movimiento o comunidad que quiera levantar la cabeza y reivindicar un lugar bajo el sol.

Tenemos que saber que toda acción tiene sus consecuencias, e implica en responsabilidad. La omisión es también una decisión, y tiene sus consecuencias. Cada persona tiene que saber que está en juego el destino del Brasil como nación. La democracia debe ser restablecida.

 

 

Deixe uma resposta