Por Héctor Torres Rojas
Desde el 9 de abril de 1948, el país está en pié de guerra. En esta fecha fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, líder político liberal, muy progresista para el momento, abogado con especialización en Roma, gran tribuno del pueblo, que se hizo conocer por su defensa de los trabajadores de las bananeras, a raíz de la masacre del 28 de diciembre de 1928, porque el gobierno prefirió defender los intereses de la multinacional bananera y no los salarios y derechos de los trabajadores.
Para entender lo absurdo de esta guerra fratricida, es preciso recordar que en 1932 perdió la hegemonía (1886-1932) el Partido Conservador. Esa hegemonía había sido compartida con la Jerarquía y el clero católico. En la Constitución de 1886, la Iglesia católica fue reconocida como la religión del Estado, del pueblo y la única religión. Las demás fueron perseguidas.
En 1932, los conservadores perdieron la presidencia y el gobierno, porque se dividieron. Se le atribuyó la derrota, entre algunas razones, al Arzobispo de Bogotá, Ismael Perdomo, porque no defendió una candidatura única. Se le llamó entonces “Monseñor Perdimos”. Es preciso reconocer que venían en auge las ideas de la modernidad o ideas liberales.
En 1932 ganó el Partido Liberal, que para entonces sí era liberal de ideas, aunque habitado por terratenientes. En 1936 obtiene un segundo triunfo y el ganador, Alfonso López Pumarejo, bajo el lema “Revolución en marcha”, logra una ley de reforma agraria, que se le impidió aplicar, reconoció el sindicalismo, propuso el matrimonio civil, el divorcio, derechos para las mujeres, libertad de opinión…
Hoy todavía está a la orden del día la reforma agraria. Conservadores y liberales se oponen a la “Revolución en marcha”. Sin olvidar a los eclesiásticos. Ninguno, absolutamente ninguno, estuvo a la altura de la historia. Para estas fechas ya se han formado núcleos obreristas, socialistas y comunistas. En 1932 se organiza la JOC en Bogotá (Juventud Obrera Católica), que fue disuelta por intervención vaticana, a petición del obispo Juan Manuel González Arbeláez, en 1938, porque la JOC levantaba la voz contra las injusticias.
En 1946, el Partido Liberal va dividido a las elecciones y las pierde. Es elegido el conservador Mariano Ospina. Se inicia la violencia “oficial”, contra los liberales, utilizando a la Policía. Violencia que aprueban varios obispos y una gran parte del clero. Un sector de la eclesiástica afirma que es pecado mortal ser liberal. Un obispo va más lejos, y prohíbe leer el periódico liberal “El Tiempo”, bajo la pena de pecado mortal. Liberales pasan la frontera de la diócesis para leer su periódico. Gaitán pronuncia, en 1948, su muy célebre “Oración por la Paz”, con el lleno total de la Plaza de Bolívar, Plaza Mayor del país, en el centro de Bogotá, en contra de la violencia oficial conservadora.
Una parte del Partido Liberal desconfía de Jorge Eliécer Gaitán. Ha ganado mucho protagonismo. Es El Líder. Es progresista. Es peligroso. Y lo mandan asesinar, el 9 de abril de 1948, cuando pisaba la calle, saliendo de su oficina de abogado, en pleno centro de Bogotá, sobre llamada Calle Real, hoy Carrera Séptima. Se aproximaban las elecciones. El autor material también fue asesinado a golpes, de inmediato, por ciudadanos gaitanistas en plena furia. Hay confusión.
Se cree que el asesinato de Gaitán es obra de los conservadores. La noticia de la muerte de Gaitán prende como una mecha de pólvora. Una parte de la población se amotina, y en venganza, destruye vitrinas de almacenes, el tranvía y coches. El Palacio del Arzobispo es incendiado así como la sede del periódico El Tiempo. Bogotá arde en llamas. Los jefes liberales tienen que esconderse. La oleada de violencia se extiende a otras ciudades y municipios.
Nuevas elecciones y “gana” el conservador Laureano Gómez, bajo cuyo periodo arrecia la violencia contra liberales. A tal punto que jefes del Partido Liberal propician la organización de “las guerrillas liberales”, en los Llanos orientales”. Aquí está la raíz profunda de las guerrillas actuales. Luego lo negarán. El país se inunda en sangre fratricida. El 13 de junio de 1953, golpe militar, encabezado por el General Gustavo Rojas Pinilla (conservador), con bendiciones eclesiásticas, para pacificar el país. Entre ellas, la del primer cardenal colombiano (1953), Crisanto Luque. El Dictador inicia “bien” y termina mal porque quiso permanecer en el gobierno. Para ello convoca una Asamblea Nacional Constituyente, de mayoría conservadora.
Se levanta la oposición e impone la represión. Cae en 1957. Sus dos únicos nietos, políticos y parlamentarios, están hoy en la cárcel por corruptos. El mayor, Samuel Moreno Rojas, no pudo terminar el periodo como Alcalde Mayor de Bogotá. Y el otro, Iván Moreno Rojas, del Senado pasó a la cárcel de La Picota, a compartir la prisión con un buen grupo de parlamentarios-paramilitares y otros políticos corruptos.
Para poner fin a la guerra interpartidista y a la Dictadura, los jefes liberales y conservadores no sólo se reconcilian sino que firman “su” paz en Sitges, España, con el convenio llamado “Frente Nacional”, en 1957. Se proponen derrocar al Dictador y compartir las ventajas del Poder, del Estado y del país. Gobernarán en forma alternada, durante 16 años, para ganar mutuamente la confianza. En 1958 es elegido un liberal a la presidencia. En 1962, un conservador… Pero se excluyó de ese convenio a cualquier otra forma de expresión política partidista, progresista o socialista. Sindicatos, grupos o partidos de izquierda existen, entre la vida pública y la vida clandestina. En 1974 se estableció el juego electoral a la usanza occidental, es decir, la libre competencia entre partidos.
Cuando en Colombia se habla y escribe sobre “La violencia”, se refiere especialmente al periodo 1948-1960). Periodo analizado, por tres reconocidos sociólogos, el sacerdote Camilo Torres, Germán Guzmán, quien llevó el título de “Monseñor” sin ser obispo, y el abogado Eduardo Umaña Luna, en un libro bajo ese nombre, cuya aparición, en 1962, produjo escándalo nacional, por las exposición de verdades que la mayor parte de la población no conocía y por la fotos mostrando las formas más que salvajes e inhumanas de tortura, martirio y asesinato.
Esas formas infames de tortura, martirio y asesinato han sido utilizadas por la Fuerza Pública, por las guerrillas y los paramilitares, en la “guerra sucia” que buscamos cerrar con las conversaciones en La Habana, Cuba, entre Gobierno y FARC.
En 1964 se publicitan las FARC (obediencia URSS) y en 1965 el ELN (obediencia Cuba). En 1965 se dividen las FARC y nace el EPL (obediencia china), que luego se convertirá en un archipiélago de grupos y subgrupos “partidistas”. Con el correr de los años se organizarán otras guerrillas: M-19 (1970), Quintín Lame (indigenista), PRT…
En 1982 aparece el primer grupo paramilitar: MAS (Muerte a Secuestradores). Llegó a haber unos 50 grupos paramilitares, antes de su unificación. Pero desde 1967, la ley autorizó la creación de autodefensas.
Guerra fratricida y catástrofe humanitaria
A la fecha persisten las FARC y el ELN. Los demás han negociado con el Estado y entraron a la vida civil y política, aunque no se consolidaron como partidos. Esta guerra fratricida y sucia ha producido la mayor catástrofe humanitaria jamás vista en el país, después de la catástrofe humanitaria que fue la colonización española… Más de trescientas mil personas caídas en combate y/o asesinadas por todo los actores armados, incluyendo el concepto de “falsos positivos”, esto es, jóvenes engañados por militares en una región, para cumplir “tareas” bien remuneradas, que luego fueron asesinados en otra región como guerrilleros, para mostrar triunfos y avances en la guerra contra la guerrilla. Eso sucedió bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Además, varias decenas de miles de personas desaparecidas; varios miles de ciudadanos secuestrados; cuatro millones de desplazados y desplazadas; una cifra imposible de establecer de torturados y torturadas; miles de viudas y huérfan@s que sobreviven en la pobreza; 5 millones de hectáreas de tierras arrebatadas a la fuerza por terratenientes, paramilitares y guerrillas a sus dueños, campesinos pobres o medianos, es decir, una contra reforma agraria. Creció el desempleo, creció la corrupción, se multiplicó la pobreza, se perdió la esperanza, se desvanecieron las utopías…
Y no se pueden olvidar los inmensos daños a la infraestructura: bombas destructoras contra edificios, miles casas en los municipios pequeños y pobres, templos, escuelas, puentes, carreteras, torres de energía y comunicaciones, cuarteles de la Policía…; cientos de atentados contra oleoductos, a lo largo y ancho del país, que hicieron enorme daño a la ecología. El petróleo inundó tierras, ríos y quebradas, con mortandad de peces…
“Imposible” establecer las millonarias cifras en pesos o dólares, mal gastados en armas y operaciones militares, por todos los actores armados. Riqueza que se le negó a la educación, a la vivienda, a la salud, a la alimentación…
Y por último, el malestar humano y sicológico de miles y de miles de víctimas… hasta la locura, el desarraigo, la muerte en vida…
Desde el mes de febrero se abrió la mesa de negociación entre Gobierno y FARC, en La Habana, Cuba. Se dice que van bien. Se dice que avanzan, se dice que algo significativo se firmará en el mes de noviembre. Y se dice que pronto se abrirá la mesa de negociación con el ELN.
Pero no se ha dicho que esa paz será el final de la tragedia humanitaria… Esa paz no será la paz verdadera e integral. Pero será un paso significativo, necesario y urgente para la PAZ INTEGRAL CON ROSTRO HUMANO.
Este es el contexto del Foro Ecuménico por la Paz, convocado por las iglesias, para ofrecer una lectura desde el Evangelio y preguntarse por el papel y las tareas de los cristianos y de las cristianas en la coyuntura de la paz.

hola como ago conseguir la destrucion de colombia