Identidad

Yo no voy a ser otra persona, soy yo mismo. Me gustaría no tener algunos dolores intensos que me acompañan, pero allí están. Los escucho a ver qué es lo que me quieren decir.

Yo no quiero ser otra persona, decidido, rápido en todo, eficiente en todo. Tengo algunos talentos y competencias, surgidos en buena medida como recursos de superación de situaciones difíciles que me tocó enfrentar.

Yo no soy otra persona, soy yo mismo. Me digo esto incesantemente. Trato de pautarme por lo que puedo ir viendo dentro de mí y a mi alrededor. Muchas veces es una palabra, un sentimiento, un color.

No necesito estar concordando o aceptando siempre. Me permito escuchar y ver. Cuando veo, siento. Si siento y veo me puedo orientar. Para esto necesito escuchar. Escuchar es todo para mí.

Existen presiones externas e internas que tratan de obligarme a ir en una u otra dirección. Cuando paro y escucho puedo ver si es que soy yo quien quiere ir por allí, quien quiere hacer eso o aquello.

Muchas veces no soy yo quien quiere hacer una u otra cosa. Son implantes, programaciones externas internalizadas para agradar, para ser aceptado. Yo no necesito negarme para ser aceptado. No necesito morir para que otros vivan.

Conozco mi sensiblidad, mi sentimiento profundo, mi sensualidad, mi serenidad, mi silenciosidad. Es un río que me dirige y orienta. Me une a mí mismo y a todo lo que hago y a los demás. Me defiende y protege. Es mi Dios interior.

De allí nace mi poesía y mi escritura, mi arte y mi andar por el mundo. Camino y siento el piso bajo mis pies. Mi acción es el respiro de esta agua que soy y que me lleva y me trae.

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