Pertenecimiento

Yo vivo en mi propio mundo. Es un mundo que hice para mí con letras y colores. Sentimientos. Lo habito cuando ando por el mundo “externo” que es también mío.

Y también cuando ando por las páginas que escribo y leo. Por mis dibujos y pinturas. Y aún cuando no esté de hecho en ninguno de estos mis mundos propios, estoy en ellos por alusión, por inclusión.

Aprendo a tenerme todo el tiempo. El tiempo es mío. Todo el tiempo es mío. Esto sana mis dolores y afloja la autoexigencia. Me amo más a medida que me comprendo más.

La gente que me rodea es tan parecida a mí mismo en sus experiencias y formas de estar en el mundo, que siempre de una u otra manera estoy incluído.

Ya no me creo tan diferente que no tenga puntos de contacto con los demás. En realidad me sorprende como somos todxs una especie de continuidad integrada que a veces llego a ver con mis ojos interiores.

El arte me ha ido trayendo cada vez más a esta sensación de pertenecimiento. No necesito forzarme tanto. En realidad lo que más necesito es anidarme cada vez más en mí mismo. Amarme así como soy.

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