Trato de evitar, siempre que me es posible, la acción meramente mecánica, repetitiva. ¿Cómo?
Riéndome. Pausando. Conectando. Así soy feliz. O al menos intento. Me contento. ¿Se dan cuenta?
Me divierto. Me despreocupo. Hago feliz a quien está cerca.
Me pasó esos días que pasé de vacaciones en Montevideo, Uruguay, y Punta del Este. El resultado es sorprendente.
En vez de vivir cerrado y a la espera de no sé qué reacciones tanto mías como ajenas, fluyo. Canto. Me dejo venir. Estoy. Soy.
El presente se hace más pleno.
El resultado es que veo que tengo un lugar en el mundo, así como todo el mundo. Si algo me molesta o me preocupa, lo hablo, lo enfrento.
No tengo más tiempo para enfermarme de la cabeza. Disfruto más, mucho más. Y veo que así fue también en otros tiempos.
Los instantes se muestran como conectados, integrados, contiguos. Me pasó en la estación terminal Tres Cruces.
Me emocioné al sentir lo que sentí cuando más joven, en un viaje con mi primo por una localidad cordobesa. No sé si Santa Rosa de Calamuchita.
La sensación era estar en un tiempo inaugural. Todo era posible y vuelve a ser posible. Es siempre posible.
Lo noto también al relacionarme, tanto conmigo mismo como con quienes convivo o interactúo.
Vuelve el tiempo original. No es necesario repetir constantemente lo mismo. Inclusive porque no es esta la naturaleza de las cosas, que se renuevan sin cesar.
Lo que no es mío, lo dejo. No me fuerzo a lo que no quiero, ni tampoco a lo que quiero. ¿Qué quiero? Me hago incontables veces esta pregunta.
El resultado es una sensación de pertenecimiento y paz. Tranquilidad y seguridad. Confianza. No llegué hasta aquí sin trabajo.
Seguí un trayecto que yo mismo elegí. Ahora me toca como quien dice, dar los retoques finales a la escultura.

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
