Virtualmente

Las personas se siguen encontrando. Han cambiado los modos pero los encuentros se siguen produciendo. Seguimos necesitándonos mutuamente. El afecto sigue siendo la motivación principal para ir al encuentro.

Saber que tenemos un lugar. Ocuparlo es seguir viviendo. Escribir es una manera de ocupar un lugar. Conversar, escuchar. Todo esto sucede en los encuentros virtuales. Los sentimientos se potencializan. El hecho de que la muerte ande rondando, probablemente ayude a intensificar la presencia.

Prestamos más atención. Sabemos que esa persona querida que vemos en la pantalla o escuchamos en un audio o leemos en un mensajito de whatsapp está allí o allí estuvo. Dejó algo de sí. La existencia se hace más real, aunque esto pueda parecer paradójico.

Pensar en la muerte deja de ser algo tan asustador. Escuchar cómo lo viven otras personas es muy sanador. Esperar el fin del confinamento es más que esperar la vuelta a una “normalidad” que nos estaba matando. Es saber que podemos empezar otra vez. Siempre es tiempo de saber que podemos intentar otra vez. El tiempo sigue pasando. ¿Estaré presente?

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