Transformando las vidas de jóvenes marginados gracias al hip-hop

«Cuando estaba en el instituto, me daba mucha rabia la desigualdad que veía en Chile,» declaró Catalina Salazar, una activista de derechos humanos de 33 años procedente de Santiago, Chile.  «Siempre quise luchar contra estas desigualdades y buscar el cambio.»

Ella transformó esta rabia en activismo sensibilizando acerca de la situación de derechos humanos en Chile a través de su trabajo como Coordinadora Regional en las Américas de la United Network of Young Peacebuilders (UNOY Peacebuilders, por sus siglas en inglés.)

“El índice de violencia es muy elevado,» afirmó. «La violencia de género es alarmante, y los jóvenes no tienen acceso a la justicia. Es importante que el mundo sepa lo que está pasando.»

Desde 2019, Salazar lleva trabajando en investigaciones, defensa, y en la puesta en práctica de proyectos para la Agenda para la Juventud, Paz y Seguridad así como en la implementación y avance de la Resolución 2250, adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La resolución 2250 es una resolución histórica que insta a los Estados Miembros a otorgar a los jóvenes una mayor voz en la toma de decisiones a nivel local, nacional, regional e internacional.

Encontrando su vocación y empoderando a otros

En la universidad, Salazar estudió ciencias políticas y defendió a grupos marginados «quienes no tenían la oportunidad de ir al colegio sin la carga de una deuda o que no contaban con recursos.»

Ella también descubrió entonces su pasión por el hip-hop cuando conoció a un grupo de personas que le enseñó a rapear.

«Intentaba hacer rimas y me parecía muy divertido,» declaró.  «También me emocionaba cuando lo hacía. Me sentía libre.»

Salazar buscó maneras para fusionar su pasión por el hip-hop y su trabajo con los jóvenes.  Encontró un puesto como Coordinadora de Asuntos Internacionales para Social Hip-Hop, una organización sin ánimo de lucro que utiliza la metodología del hip-hop y la aplica para ayudar a estudiantes y prisioneros con sus habilidades comunicativas y para proporcionarles autoestima.

Según Salazar, el programa Social Hip Hop ha conseguido llevar a cabo una transformación positiva cuando los prisioneros abandonan la prisión y se incorporan a la sociedad de nuevo.  A muchos de ellos el programa les ha resultado tan útil que luego vuelven como instructores.

En 2020, Salazar trabajó con los creadores de Social Hip Hop en el libro Hip-Hop 360: Hacia un Enfoque para el Trabajo con Juventudes y Construcción de Paz, el cual fue financiado por los micro fondos de UNOY Peacebuilders. El libro ha sido distribuido en escuelas y prisiones por todo Chile y ofrece herramientas creativas para que estudiantes y prisioneros se puedan expresar y pensar en una vida sin violencia, añadió.

Ella afirmó que hay un movimiento social en su país, y que ve como hay jóvenes que están detrás de esta iniciativa por el cambio.  Salazar declaró que se empieza por empoderar a las personas para que puedan cambiar sus vidas y comunidades.

«El hip hop es una herramienta de cambio,» aseguró.  «El hip-hop salva vidas. Puedo ver cómo sus vidas cambian.  Esta es la razón por la que animo a las personas a innovar y usar las artes como un instrumento para consolidar la paz.»

29 de octubre de 2021

Esta historia forma parte de Defensores de los Derechos Humanos una serie periódica que presenta retratos de defensores de derechos humanos u organizaciones que los defienden. La historia de activismo de Salazar forma parte de una serie inspirada por el primer informe global en publicarse y que analiza la seguridad y protección de los jóvenes en el espacio cívico

Exención de responsabilidades: Las ideas, informaciones y opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la persona entrevistada y no reflejan necesariamente la política ni la postura oficial del ACNUDH.

Fuente: ACNUDH (Naciones Unidas – Derechos Humanos)

Deixe uma resposta