Presencia y memoria

Ando buscando desaguar algunos sentimientos que me andan por dentro. La sensación de que tengo que llenar los instantes de alguna manera. Darle sentido al estar aquí. Saber que he recorrido un camino que me habilita para ello.

Puedo hacer lo que quiera. Y todo es un florecimiento y una culminación. Cada acto mío es la reunión de todo mi ser y de toda mi trayectoria. Así, no hay actos vacíos o fuera de lugar. Todos son yo concretado y concentrado.

No siempre tengo esta noción clara, pero en la busca de un rumbo y un sentido, esto es lo que aparece. Entonces no importa demasiado qué es lo que voy a hacer. Cualquier cosa me contiene por entero.

He conseguido centrar mi vida de esta forma. La memoria ahora es un espacio acogedor que reúne todo lo vivido y le da consistencia y forma. Unidad. Finalmente todo es uno y uno es todo.

El pajarito canta y este canto son todos los cantos que escuché desde el comienzo de mi vida. Todo es pleno y todo es como que una invitación a celebrar. Escribir es lo que mayormente convoca este acontecimento y lo evidencia.

Pero también ver una película o respirar o leer promueven esta convergencia de memorias y presencia. No es que hayan desaparecido la desorientación o indecisión habituales, o cierto temor indefinido.

Es que ahora estas sensaciones ya las identifico como el preludio y la anunciación de esta integración a que me refiero. En realidad es mi manera de estar aquí. Es lo que yo soy. No es que escriba una cosa y viva de otra manera.

Escribo lo que soy. Registro los acontecimientos mínimos y casi imperceptibles que configuran el cambio contínuo. Así dejo de forzarme o presionarme. Descanso más. Fluyo mejor. Voy yendo aquí. Voy estando. Soy.

 

 

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