Presencia

Hay momentos en los que simplemente estoy. No tengo alguna intención o propósito determinado. O estoy cansado. No hay pensamientos repetitivos, ni juicios o condenas. Tampoco quejas o expectativas desmedidas. Talvez no haya ni siquiera expectativas. No, al menos, de esas que parecen una tortura permanente. Lo que falta, lo que no está, lo que no hay. Más bien veo en esos momentos, que puedo simplemente estar, y estoy. Menos a la defensiva y tampoco al ataque.

Nada depende demasiado de mí en esas horas. Simplemente veo como una pared. Una superficie lisa y blanca o de un color claro.

Dispensando. Desexigiendo. Son algunas de las palabras que pueden llegar a definir, al menos en parte, este estado, estas sensaciones.

Ahora vuelvo de la caminata de la tarde por la playa. Sin papeles a cumplir. Simplemente disfrutando de la vida. Disfrutando del estar vivo.

El ser parte de una comunidad en movimiento.

Ya he descripto cosas parecidas en otros momentos. Se van afinando los detalles. Van introduciéndose variaciones. La vivencia y el pasar del tiempo van dándole otras tonalidades a lo que vamos descubriendo.

Me centro en lo que tengo y en lo que soy. Esto lo repito hasta el cansancio. Lo que tengo y lo que soy.

Un poema mío resume de algún modo este estado. No sé si es exacto lo que acabo de decir. Lo que veo, lo que siento, es una quietud y contentamiento.

Una equilibración. Un ajuste interno y externo al mismo tiempo.

Aquí va el poema:

De donde vengo y adonde estoy

Lo que soy y adonde voy

Lo que tengo y lo que quiero

Lo que me mueve y lo que amo

Lo que me conduce y me guarda

Lo que alcancé y puedo

Son una sola y la misma cosa.

Eternización.

Vida aquí. Vida plena. Vida ahora.

Ilustración: “Camino de luz”

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