Poético-literariamente

Uno quisiera a veces escribir alguna cosa, escribir algo que te contuviera, que pudiera decir de vos todo lo que pudiera ser dicho, todo lo que sos. Poder poner en una página, en unas líneas, todo lo que has visto de vos, todo lo que has conocido y seguís conociendo de vos mismo a través de la lectura y de la escritura.

De la escritura, que te viene abriendo mundos hacia adentro y hacia afuera de vos, mundos insondables, tan familiares como extraños. En ellos te reconoces y te desconoces, te ves como sos y como podrías ser si simplemente te dejaras ser.

Cuando te dejas ser, cuando dejas de presionarte hacia allá o hacia acá, para ser como alguien te hizo creer que deberías ser, cuando simplemente te dejas ser como sos, floreces. Entonces es una fiesta silenciosa en tí mismo, una felicidad que ocupa todo tu ser.

Todo tu ser es pleno. Es como debería ser. Y esto en buena medida lo has ido descubriendo en los libros. En los libros de literatura, más precisamente. La literatura te fue recibiendo, te fue acogiendo, fué haciéndote saber que tu lugar estaba y está, estará siempre, en las páginas de un libro, de muchos libros, de todos los libros que leíste o leerás, y de aquellos que aunque no los leas, están contenidos en el mundo del que formas parte.

Especialmente preciosa, por lo del auto-reconocimento, por el reflejo de mí que fui capaz de vislumbar, fue aquella frase de Julio Cortázar en La vuelta al día en 80 mundos, el capítulo llamado “Del sentimento de no estar totalmente.” Allí me di cuenta de que yo tampoco no estaba, no estuve nunca, del todo, totalmente aquí, ni creo que vaya a estarlo, pero esto no lo puedo asegurar.

La vida es tan imprevisible. A veces un día es tan bello, tan pleno y feliz, que uno se pregunta, que es ésto, uno se sorprende de tanta felicidad y plenitud, de tanta armonía y paz. Lo que fui encontrando de mí en los libros, en la literatura, me fue trayendo cada vez más acá. Fui dándome cuenta de que había un lugar para mí y era en esas regiones crepusculares, en esos mundos tan tenues y bellos, tan plenos porque ilimitados, donde podía sentirme verdaderamente feliz y contento, alegre de verdad.

Muchas veces ando por ahí y hay algo alrededor mío y me doy cuenta de que es la envoltura poético-literaria. Son mundos sutiles, envolventes. Uno anda por ahí y hay algo muy bueno, una eternidad envolviéndote. De pronto es que ya te has asimilado, ya eres un habitante con derecho pleno, un personaje literario. Aprendiste a respirar, a diluirte, a nadar en la poeticidad del mundo. Y ahora, como cuando niño o joven, otra vez no hay más fronteras entre tú y el mundo que te rodea, es la unidad.

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