Necesitamos recordar

Hacer que la persona se acuerde.

Necesitamos saber quién somos, qué hacemos, por qué lo hacemos y para qué. Vivir concientemente. Sin esto, estamos disociados o disociadas.

Estar presente implica en prestar atención. Estar en contacto. Sentir. Permitirnos estar aquí. Esto es un hecho concreto.

Actualmente –así como en otros tempos también—está instalada una cultura de la repetición, la imitación. No hablo como quiero, sino como creo que debería hablar.

No soy yo mismo o yo misma, sino como creo que debería ser. Esta cesión del espacio interno, de la percepción y de la voluntad, se llama alienación.

Repito palabras, actitudes y comportamientos que no son míos. Inevitablemente esto es una muerte en vida. Sin embargo, no es imposible revertir este proceso.

Basta estar dispuesto o dispuesta a recuperar la propia vida. Por supuesto que esto da trabajo, pero es un trabajo placentero. En realidad da menos trabajo que no ser quien soy.

Si soy yo mismo, tengo a mi favor toda la fuerza de mis días. Todas la capacidades que desarrollé para llegar hasta aquí me potencian para un vivir pleno, en la totalidad de mi esencia.

Esto no viene de afuera, no se obtiene siguiendo alguna doctrina o sistema de creencias. Mucho menos repitiendo frases sueltas o gestos copiados de no se sabe quién.

Es una mirada intensa y profunda hacia nuestro propio interior. Recuperar la noción de nuestras cualidades. El amor y la belleza que nos habitan.

La bondad. Los sentimientos se justicia y solidaridad. La confianza en nosotros mismos/as. Esto es regirse por valores superiores. Es saber que se puede.

Se puede individualmente y aún más colectivamente. Debemos ser capaces de crear. El arte nos enseña que en cualquier circunstancia es posible encontrar una salida.

Nada está perdido si sabemos que podemos mantener nuestra integridad a salvo siempre, frente a quien sea. Es posible. Basta recordar.

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