La literatura nos devuelve la trama fina de la vida

cortázarPodemos en ella, en la literatura, reencontrar la vida tal cual es, la vida vivida, no la vida pensada ni la vida supuesta, ni tampoco la vida que nos enseñaron a pensar que estaba allí, o que debería estar allí. Sea ese allí, allí afuera, a mi alrededor, o adentro mío.

En la buena literatura, voy descubriendo el ser que soy, mis propios pensamentos, el movimento de mi ser, y voy descubriendo también allí, la sorpresa del existir, la maravilla de estar vivo, en medio de la gente, en un mundo que me admira o me aterra.

Voy reencontrando mi consciencia original, ese sentir pleno que tuve cuando niño y cuando joven, y que permanece en mí, que me acompañó a través de todas las circunstancias por las que fui pasando hasta llegar hasta aquí.

Cuando hablo de la buena literatura, es una que deliberadamente o de manera espontánea, disuelve las falsas barreras que me separaban del mundo en torno mío y de mi ser auténtico.

No es ni podría ser, una literatura doctrinaria o prescriptiva, a no ser que esté inspirada, y en ese caso, es lo poético que se esconde en ella, que también sirve para mi liberación. Digo estas cosas pues he estado en estos últimos años, limpiándome de montañas de literatura intelectual y científica, que es, en muchos, la antíteses de la literatura libertadora.

La literatura que libera, es la que me devuelve de mí, reflejos más reales que los que fui capaz de ir construyendo a lo largo de la vida.Voy desalienándome, rompiendo las falsas imágenes que fui teniendo como verdaderas, sin serlo. Tomo distancia del objetivismo creado, como dice Julio Cortázar, por la intelectualidad raciocinante, la codificación cotidiana, y los medios de comunicación, entre otros. (Ver: Julio Cortázar, “Del sentimento de no estar totalmente”, en La vuelta a día en 80 mundos).

Cuando abro un libro, o pienso en los libros que leí, o recupero algunas de las frases y sensaciones y sentimentos que fui recuperando a través de la lectura de obras de ficción y poesía, todo mi ser respira aliviado.

Esos mundos no tienen fronteras ni requisitos ideológicos. No tengo que someterme a la recitación de alguna tabla de valores. Puedo ser yo, puedo ser verdaderamente yo, ese ser inmortal, con consciencia de su inmortalidad, en la medida en que pueda seguir siendo capaz de ser lo que soy y lo que hago.

En la medida de que pueda fundirme con mi obra de arte, con mi creación. (Ver, de Julio Cortázar: “A urna grega na obra de John Keats”, in: Valise de Cronópio). Me substraigo de las presiones de utilidad y desempeño, de las exigencias de ganar siempre (¿ganar siempre qué? ¿qué sería ganhar siempre? ¿qué es perder?).

Entonces mi vivir recupera una condición tan liviana, todo es como un irse dejando llevar. Cosas por las cuales luché tanto tiempo, son esto, están aquí. Yo soy esto, como dice el hinduísmo. Yo soy Aquello.

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