Jardín en sombras

Jardín en sombras

 

I. La Rosa.

a Pedro Luis Barcia, en clave marechaliana

 

Lluevan nieves ardientes sobre la tierra

y en las alas de nácar de los ángeles

lleguen ramos de lirios y amapolas.

 

Salten sobre cabezas humilladas

relámpagos de olvido,

y asombradas gacelas, bajando de los bosques,

detengan la dura espada justiciera

sobre nosotros.

 

Quede tan solo en la balanza el brillo

sagrado y ancestral de la Belleza.

Solo

la rosa.

 

25 de marzo de 2020.

Día de la Anunciación de la Virgen

 

 

II. A Silvia florecida

 

 para Silvia Longoni

 

No fuiste preservada de cuchillos y trampas

pero sí de las sombras

que ayer oscurecieron este amado jardín.

Solo a ti puedo hablarte del morir silencioso,

de la flor del desierto que sueña con ser mar,

del pájaro de miel que llama al sol en la

madrugada.

 

Tu cuerpo se hizo lluvia de blanca arena

tu alma es una lámpara viviente

que inunda el bello hoy, virginal y vivaz.

 

-En noches de milagros junto al vino

cantabas y reías por nosotros, con llanto

Llorabas por el triste y el doliente, reías

por el amor del luto y las campanas

entretejiendo juegos del abismo y el cielo-

 

La fina garza ha derrotado las tinieblas.

Te nombramos serena y florecida

desde el jardín en sombras.

Danos un gajo de tu paz

una semilla de tu gracia.

 

6 de mayo de 2020.

 

 

III. Cada vez que me nombres

Canción

 

Cada vez que me nombres

me tendrás a tu lado.

Cuando cruce despierta la frontera

de astillados espejos

 

y contemple la tierra desde mis ojos

nuevos;

cuando nazca otra vez,

abandonando

mis huesos y mi frente de ceniza

y mi luz sea parte del Ser que nos

alumbra,

miraré este paraje de sombras y deseos.

Cada vez que me nombres

Me tendrás a tu lado.

 

Agosto, 2019

 

 

IV. Definitivamente

 

Así quiero quererte

con la desnuda libertad del aire

con la feroz tenacidad de lo que crece

desde el suelo

con la torpe precisión de las cosas inertes

con la ligera felicidad del que ha vaciado

los bolsillos

y desatado las amarras de la memoria

con el ímpetu tremendo del mar

y la voracidad de las arenas

con la simplicidad de la hoja que cae

definitivamente,

con la súbita

llamarada bellísima de la muerte

Porque nada

sobrevive a la hermosura.

 

 

V. Ausencia

 

Sólo esta tarde sin luces ni campanas;

sólo la tarde

sin tus ojos para crearme la luz

sin tu presencia para que tengan sentido

las palabras…

Ya los últimos pájaros han volado,

están ausentes los astros

y el temblor de todo lo viviente;

el mundo es el contorno silencioso de mi

soledad.

Sólo la tarde

Hay un grito que espera ser

pronunciado,

hay un canto que quiere volar

y es tu nombre

tu nombre dibujándose en el aire

adueñándose de la tarde

incontenible ya, desplegándose como

una bandera,

tu nombre sin iniciales, desatado,

haciendo girones el aire vano

colmándome de ausencia.

 

 

VI. En soledad nacido…

 

En soledad nacido oye mi canto,

siempre viva entre muros desolados,

yerto de luna, sin la sal de llanto

que ha roído mis huesos despojados.

 

Oye mi canto sustentado en llama,

partido en las aristas del desvelo,

el duro brillo de la piedra clama

o la luciente perfección del hielo.

 

No más espumas que mintieron nieve,

no más fingida rosa o cielo breve

tibio de luz para acunar mi pena.

 

Cuando penetre en la región callada

sola estaré y aguardaré serena

para surcar su piedra constelada.

 

15 de agosto de 2020

 

 

 

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