El valor de la vida

Que haya gente para quien la vida no vale nada, no es algo nuevo. Gente para quien estar vivo o viva, o morir o matar es lo mismo, siempre hubo. Es la escoria de la humanidad.

Son aquellas y aquellos que violan las normas sociales, atentan contra los derechos de la persona humana cuando saben que no van a sufrir castigos. Se creen a salvo cuando nadie les ve.

Lo que sí es nuevo es que este basural subhumano haya crecido exponencialmente, asumido el poder y seguir impune. La contaminación de la barbarie se ha infiltrado y ha corroído los cimientos de la sociedad.

Se ha instalado una especie de descuido básico con la vida. Vivir o morir parece que fueran lo mismo. Y no lo son. Vivir de acuerdo con principios y valores superiores es algo que nos humaniza, nos hace gente, ganamos un lugar en el mundo.

Al contrario, despreciar y despreciarnos, odiar y atacar a quien no se puede defender, burlarnos de quienes sufren o están al margen de la sociedad, nos rebaja y humilla, nos hacemos menos que gente.

Cuidar la vida no es predicar, no es discursar, no es emitir notas de repudio, por más que esto pueda también llegar a ser valioso o necesario en algún momento. Cuidar y defender la vida es vivir según el amor, norma máxima y única de la existencia.

Sin amor y sin justicia, somos menos que bestias.

El amor nos obliga, nos impone deberes, impone respeto. Orienta y guía nuestros actos todos los días. El amor es más que un sentimiento. Es una práctica. Una acción orientada a la promoción y crecimiento de la persona.

En los días actuales, seguir siendo humano o humana, se ha vuelto un desafío más grande que en otros tiempos. Los y las videotas se han multiplicado. La mediocracia se ha instalado como si fuera lo más normal, y no lo es. Nunca será, si es que queremos seguir siendo humanos y humanas.

La fuerza colectiva y comunitaria ha dicho basta en Brasil. Basta de terrorismo de estado. Basta de violencia institucionalizada. Basta de abuso de poder. Hemos elegido la democracia el 30 de octubre de 2022. Y esto es haber elegido la vida. Es haber elegido el amor, la alegría, el respeto a las diferencias, la esperanza, la justicia y la paz. La solidaridad sigue siendo el cemento fuerte que nos une. No nos van a derrotar.

Deixe uma resposta