Trayecto

No puedo al mismo tiempo poner mis energías, dedicar mi atención, trabajar en dirección a lo que no cambia y a lo que cambia. Necesariamente se impone una elección.

El sistema capitalista, la estructura de clases, la mentira organizada, la violencia institucionalizada, las ideologías de dominación y manipulación. Esto es lo que no cambia o casi no cambia.

Mi vida personal y comunitaria, el desarrollo de mi creatividad artística, la resignificación de mi trayectoria de vida, el aprender a amar, la eternización. Esto es lo que cambia. Es un terreno dinámico. Está a mi alcance.

Esta claridad va abriendo camino.

Viene a mí en este momento el recuerdo de mi madre. Un poema que ella gustaba, no sé si de Gabriela Mistral. Valorizando las pequeñas cosas. Creo que para mí está llegando este tiempo. Atención a lo mínimo. Eso fugaz eterno.

Ese mínimo en que consiste la vida. Mi padre no estuvo focalizado en otra dirección. Era la mirada poética siempre, de ambos lados. Así crecí, atravesé el río de los días. Ahora veo el trayecto completo desde el comienzo.

También de parte de mis abuelas recibí esta influencia. Ellas traían en sí la presencia viva de esa eternidad que se perpetúa en el tiempo. Cantaban, reían, leían, tejían, y yo prosigo en estas tareas.

Aún en el ejercicio docente me empeñé en preservar el lado interno de la persona. Ahora recojo multiplicada esta siembra antigua y actual, lo cual me preserva en cierto modo de lo que se presenta en el llamado escenario político.

Menos presiones, menos obligaciones. Más fluidez, como el río o el arroyo de aquél poema que mi madre gustaba. El tiempo pasó y estoy en el tiempo anterior a mi nacimiento. Llegando, pasando, ya pasé.

Recuperar la palabra, de eso se trata. Hoy en día se vomita más que se habla. No siempre nos escuchamos realmente. Esto nos va dejando en un vacío y una soledad aterradoras. No siempre sabemos lo que estamos diciendo.

Esto es ir cavando un agujero debajo de los pies. Si no te escucho no me escucho. Me escucho al escucharte. La poesía es esa posibilidad. Sueltas las prisiones y presiones la palabra viene por sí misma.

No siempre hay algo que decir. Muchas veces es preferible escuchar, atentamente, lo que esté pasando. Ver, sentir. Ver adentro y desde adentro. Entonces podemos encontrar una seguridad a toda prueba.

La vida pasa rápido. No hay tiempo que perder.

Deixe uma resposta