Sociedad suicidógena

Mátese para vivir.

Este mensaje está explícito y también implícito en la programación de base de la sociedad en que vivimos. Hay una presión hacia lo imposible. Haga más de lo que su cuerpo permite. Compre más de lo que necesite. Exija lo imposible.

Y para peor, la presión viene por derecha tanto como por izquierda. Trabaje más de lo necesario. Ame exageradamente. Sea lo que no puede ser. Sea perfecta o perfecto. No se canse, siga hasta no dar más. El resultado de esto no puede sorprendernos.

Esta mañana casi me despido de este bello mundo, por tratar de manejar dormido, yendo a una reunión en que una colega iba a presentar su libro sobre herencia transgeneracional. Yo sabía que no estaba despierto del todo.

Lo sabía porque acostumbro demorar bastante hasta despertar. Y esta vez salí de casa sin estar del todo aquí. Casi que un camión me lleva puesto. Reflejos lentos por supuesto. Por un milagro. Lo que trato de recuperar ahora, es un aprendizaje que me saque de esa vorágine, de esa presión. No necesito atender a tantas exigencias. Estar presente en todas partes es un don que solo a Dios compete.

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