Renaciendo

fotoNo podía dormir. De pronto, una posibilidad. Un matecito a estas horas de la madrugada, mientras las últimas gotas de la lluvia de anoche. Un pequeño ritual de permitirme contrariar las normas habituales. Abrir un espacio para mí y ver qué pasa. Ver si respiro mejor. El niño que hay en mí. El niño que soy pide una oportunidad. Algo como ésto. Poder venir a escribir a esta hora, simplemente por el placer de hacerlo.

La sobrecarga de deberes y obligaciones cede un poco. Tanta obediência. ¿Y qué? El sonido de una motoneta que pasa. Un perro que ladra. No es necesario mucho para poder sentirse más libre, más uno mismo. Los planes de viajes. Descubrirse prisionero de rutinas. Saber que hay un mundo más allá. Y que la edad no debe ser una barrera, sino una puerta aberta, una posibilidad. Lo escrito y lo no escrito, lo que ya he puesto en la hoja otras veces, todo forma como una masa compacta.

El libro contínuo, que he ido elaborando a partir de cada una de estas anotaciones, a lo largo del tiempo. La oscuridad es como la tierra, a uno lo abriga y envuelve. Es como el libro contínuo, también hecho de tanta poesía y literatura. Tanto los libros que ya leí como otros que he escuchado, y otros aún que no leeré nunca pero están contenidos también en la lectura del mundo, forman esa especie de cavidad en la que me encuentro, el lugar de mí, el lugar del yo, este yo que ahora, esta mañana que está todavía por nacer y ya nacida, insiste en nacer y en ser.

El ser que nace todos los días, a toda hora. Esa semilla que puede ser y que es. Ya no hay miedo, o no hay tanto miedo. El niño interior está intacto. Juega a poner letras en la hoja a ver qué viene, a ver qué aparece. Se van formando frases y la oscuridad va siendo algo amistoso. No es más la oscuridad del miedo. ¿Por qué tendría que ser de otra forma? ¿No puede ser así? Es así, no podría ser de otra manera. Es de esta manera y no de otra. Tantos años de domesticación, de educación alienante, a uno lo pueden haber llegado a convencer de que uno era otra cosa.

Pero la semilla se vino abriendo paso, y en un momento aparece. Entonces floreces. Entonces sos la persona que sos. Soy el que soy. Cada uno es como es, y no de otra manera. Empiezan a llegarte mensajes tranquilos desde tu interior. Vas descubriendo que no tenés que seguir haciendo de cuenta. Podés ser vos mismo o vos misma, y vivir en sociedad. Pero ya no será la opresión, la negación de vos mismo o vos misma, sino un florecimiento. Un dejarte llevar, que podrá ser conflictivo, en la medida en que la coexistencia siempre acarrea algún tipo de concesiones. Pero es como que uno empieza a ir a favor de la corriente. Otra vez la corriente es a favor de uno.

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