¿Qué es lo que no podemos perder?

¿Qué es aquello que no podemos ni debemos perder bajo ninguna circunstancia?

A nosotros mismos o nosotras mismas.

Esto de la bifurcación del lenguaje tiene sus momentos curiosos.

Varias circunstancias me llevan a prestar atención a esta pregunta que se orienta a lo más esencial.

La vida en primer lugar. No puedo perder la vida. No puedo ni debo por nada de este mundo, entregarme a la destrucción de mí mismo.

¿Y qué es esto? No perder la vida es seguir siendo yo mismo o yo misma en todo momento. Esto no es algo tan fácil como pudiera parecer a simple vista.

Las presiones adaptativas son de tal forma poderosas, que tenemos que estar constantemente vigilando para no perdernos.

La ventaja de tener ya una cierta edad, me permite ver las cosas en perspectiva.

¿Qué es lo que no puedo ni debo ceder de modo alguno?

Mi libertad, mi derecho a seguir siendo y actuando de acuerdo con mis valores. Me refiero a valores superiores, aquellos que le dan sentido a la existencia.

La conciencia de quién soy es el primer baluarte en el que se apoya la posibilidad de no perderme. ¿De donde vengo? ¿Qué quiero?

¿Cuáles son las batallas que enfrenté para llegar a mi lugar?

Comparto estas preguntas por sentir que se trata de cuestiones fundamentales. Hay actualmente una industria de la rapidez, que si no estamos alerta, puede llevarnos a actuar de manera no reflexiva.

¿Soy yo quien está presente aquí ahora? ¿Quién es el que quiere esto, o no lo quiere? ¿Soy yo mismo, o es alguno de los implantes de moda, o, aún alguna de las órdenes recibidas en otros momentos de mi vida?

No es fácil discernir. La conciencia da trabajo. Si meramente actuamos de manera refleja, muchas veces podremos estar desatendiendo nuestros valores fundamentales.

El hábito de actuar de manera imitativa, porque todo el mundo lo hace, lleva a mucha gente a dejarse a sí misma desde el vamos. Entonces el yo sujeto empieza a perderse desde temprano.

No ceder a las presiones sociales nos obliga a asumir una conducta propia. Crear una identidad personal. Esto es lo que no podemos perder de manera alguna. El miedo de ser rechazado o rechazada muchas veces atenta contra este valor fundamental.

La necesidad de pertenecer, de ser reconocido o reconocida como miembro de un grupo o comunidad, obliga muchas veces a hacer concesiones. Que no lo sean en lo fundamental.

Mirando mi propia historia de vida, veo que me he visto desde muy temprano, en la necesidad de mantener mi propia identidad, frente a presiones que amenazaban destruirme.

Este desafio prosigue en los días actuales. Hacé esto, andá para allá, hablá así, así no se dice, esto no se puede. Nadie escapa de estos juegos en los que se decide nuestra libertad, identidad y pertenecimiento.

Para mucha gente el ir creciendo significó irse apartando de sueños e ideales que les animaron en su juventud. A mí me pasó lo contrario, aunque no siempre lo tuve en claro.

Es por eso que talvez me haya vuelto tan implacable o exigente en lo que se refiere a los motivos de la acción. El sentido de hacer las cosas de esta y no de otra manera. Así es que me fui haciendo un lugar en el mundo.

Muchos de mis libros y artículos son testimonio de lo que estoy diciendo aquí. Me refiero especialmente a Mosaico, Max Weber: ciencia y valores, y Libertatura. La recuperación del habla propia.

La recuperación de mi propia identidad fue y sigue siendo la razón de mi vida. Lo hago individualmente y también en comunidad. Identidad es pertenecimiento, vínculos, sentido del vivir.

El hecho de poder escribir como quiero y lo que quiero, y no lo que debería o como debería, tiene un valor extraordinario. Esto en buena medida lo debo a mi práctica como terapeuta comunitario integrativo.

En este espacio de construcción de vínculos y recuperación de la autoestima, fui rehaciendo mi posibilidad de seguir viviendo. Esto es literal. Fui saliendo de extravíos y extrañamientos en las rondas de Terapia Comunitaria Integrativa.

Este proceso de reencuentro con mi país interior, la persona que soy, está relatado en mi libro Um terapeuta comunitário em busca de si mesmo.

Es así como mediante una incesante labor de escritor, fui tomando conciencia de quién soy, qué quería y qué quiero.

Siempre exhortaba a mis alunos y alumnas, a que escribieran sobre sí mismos/as.

Hablar en primera persona, asumir el propio lugar. Ser titular de la propia vida.

Esto evita el descarte, otro de los trazos perversos de la cultura actual. No dejarnos atrás. No perder nuestra memoria, nuestra historia. No olvidarmos de quién somos.

La vida pasa, sigue pasando. Que sea a nuestro favor. Por más conciencia, más presencia, más integración, más integridad, más plenitud.

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