Presencia

Son las primeras horas del día. El canto de los pájaros resonando alrededor. No es lo que pienso lo que me libera. Es más bien lo que siento y comprendo. Lo que creo (de creencia, no de creación) generalmente no tiene mucho que ver con la realidad. Ayer escuché el relato de una mujer cuyo padre se exiló en Paraguay durante la dictadura argentina. Pasó 41 años para que ella hablara de su condición de exilada. Lo que ella relató sobre su experiencia infantil y actual con armas y policía me trajo de vuelta mi propia experiencia.

Mi miedo a la muerte. La sensación de que no me queda mucho tiempo. Ahora anoto estas cosas con un sentimiento de libertad en el pecho. Era una conversación en un círculo comunitario en vivo y en directo. Terapia Comunitaria Integrativa en vivo y en colores. ¿Por qué resistir tanto al amor? Porque el amor disuelve las barreras. Unifica. El sentimiento nos une, crea comunidad. El pensamiento más bien aprisiona. Hay una frontera, un espacio. Una posibilidad de vida plena.

Depende de mí si me aprisiono o libero. “Pueden trancarme con mil candados pero yo soy la llave”. No es que deba dejar de pensar o considerar al pensamiento como un enemigo. Pero me doy cuenta de que hay una diferencia entre lo que pienso y lo que vivo, lo que pienso y lo que veo, lo que pienso y lo que es. Esa diferencia es lo que creo que Jesús llamaba de “la puerta estrecha”, el camino que conduce al reino de Dios. La realidad vivida.

El foco, el objetivo, es la vida, no los pensamientos sobre la vida. Puedo ver por esa rendija.  Yo soy esa posibilidad. Toda persona lo es, siempre que se disponga a vivir más que a interpretar u opinar o analizar, aconsejar, hacer discursos. ¿Por qué la TCI libera? Porque no es un espacio de discusión de ideas. Es un lugar donde puedo llegar a acceder nuevamente a mi experiencia. Puedo tenerme de vuelta. Puedo orientarme por lo que siento, lo que veo. Las resonancias, los ecos. Puedo dejar que mi memoria me guíe. Mi niño interior. Puedo dejar un lugar para mí. Puedo ser yo. Puedo no ser sólo mis pensamientos. Puedo ser ese espacio en que vivo. Una hoja. El piso bajo mis pies. Mi respiración. Mis afectos.

 

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