PERO ERES PIEDRA Y HAS DE SALTAR, por Alejandro Drewes

Canto III

En tiempos de bárbaros reyes del norte la viera tal vez
sobre piernas desnudas, guardando el misterio de la vida.
De otros labios nunca supo, ni como besar ese anillo entre brumas.
Y era tan alto el temblor de estrellas que borraba su imagen del mundo.

Su historia en algún lugar se ha perdido, como la ruta en viejas
cartas de náufragos. Y sin embargo estos ojos la buscan ojos aún en la clave de los grimorios. Erguida como la delgada luz de un amanecer
en Gaza la hubieran amado, país donde los ladrones ya no entran ni roban.

Seres que dejan al mundo en su declinante curva silenciosa
entre arduas guerras de un sombrío trazo siempre ajeno
como suspiro fugaz de los siglos por el espejo de la tierra fueran,
sin inmutar el camino del cielo en ilusorias horas quietas.

El tiempo fluye terso y no apresa siquiera esta red de palabras
ni olvido en vastas moradas. Hay soles errantes por la hierba celeste. Mañana serán nostalgia o tal vez campanas que doblan a muerto. Y los que caminaron conmigo el gastado camino y son piedra y no han de saltar.

El viento de la luna que acalla todas las voces y salva la sola voz
de los amantes. Y a veces graba unas simples palabras de amor en el cristal de otra noche. Ellos aprenden la obra de las manos y dura su llama el oscuro tiempo de Dios y el aliento en el frío milenario de sus cuerpos –tan alto cantan los grillos-.

octubre 2004 – diciembre 2009

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