Para construir un mundo mejor

A veces doy una hojeada rápida (cada vez más rápida) a ciertos medios de comunicación de izquierda, y no puedo menos que sentir una gran tristeza. Es sólo denuncia, crítica, las llagas del capitalismo, los males del sistema. No hay nada de malo en ocuparse de eso, pero ¿es sólo eso?

Creo que uno necesita estímulos para construir una sociedad mejor, para cambiar lo que debe ser cambiado. Para que la justicia triunfe y haya más fraternidad, para que seamos más humanos los humanos. Y no estaría sino situándome en el mismo plano de lo que me hace mal, por inanidad, si dejara este breve escrito por aquí.

Otra vez, alguien criticando, alguien diciendo lo que está mal. Desde muy temprano en mi vida, me di cuenta de que había que mejorar el mundo interno, esa parte de la realidad que está contenida en mi cuerpo, ese ser que soy yo, que es cada uno de nosotros.

A menos que uno se haga cargo de moldear, de darle un tono original, mejor dicho, a menos que uno asuma con todo la realidad de ser el ser que cada uno es, la vida pasará y uno habrá pasado sin ser el ser que es, el ser que debería ser. La semilla habrá muerto sin fructificar como debía.

A lo largo de estos últimos años, he encontrado un lugar para esta mi manera de construir un mundo mejor, en por lo menos dos ámbitos, entrelazados entre sí, y con otros muchos ámbitos: la Terapia Comunitaria Integrativa, y la literatura, la poesía.

En estos ámbitos puedo sentir que pulsa la vida, más allá de doctrinas y uniformes, más allá de ideologías y exclusivismos. Son ambientes sin fronteras. No hay nacionalismos ni afanes de convertir a los demás, no se quiere cambiar al otro, sino uno mismo es quien cambia, y comparte sus cambios con otras personas que están atentas a esa necesidad humana de ser uno la persona que es, el ser que debe ser.

Y si te llama la atención o te extraña que la poesía y la literatura sean también ámbitos de libertad y de auto-realización comunitaria, te llamo la atención para el hecho de que tal vez te hayas quedado del lado de allá de la pared creada por el intelectualismo y su falsa objetividad, la cotidianidad codificadora y el realismo ingenuo.

Tal vez te hayas olvidado de que cuando niña o niño, y muchas veces después en la vida, fuiste capaz de crear tus propios mundos y habitarlos. Tal vez sea hora de permitirte asumir otra vez un papel creador, que se necesita para ser feliz, para saberse parte de la trama de la existencia.

La Terapia Comunitaria Integrativa abre un espacio para el rescate de tu ser auténtico, sepultado quien sabe por qué complejos, prejuicios, por tantos “no puedo” que se puedan haber acumulado sobre tí a lo largo de la vida. De pronto te reintegras, te redescubres siendo parte de la comunidad humana. Una parte activa, alguien capaz de construir, con muchos otros seres, un sueño a muchas manos.

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