Pandora

pandoraPor Eduardo de la Serna
«En efecto, antes vivían sobre la tierra las tribus de hombres libres de males y exentas de la dura fatiga y las enfermedades que acarrean la muerte de los hombres […] Pero aquella mujer, al quitar con sus manos la enorme tapa de una jarra los dejó diseminarse y procuró a los hombres lamentables inquietudes. Sólo permaneció allí dentro la Esperanza, aprisionada entre infrangibles muros bajo los bordes de la jarra, y no pudo volar hacia la puerta; pues antes cayó la tapa de la jarra [por voluntad de Zeus, portador de la égida y amontonador de nubes]», Hesíodo, Trabajos y días 95-99
Dejo de lado el evidente machismo del mito en el que (una vez más) la mujer es responsable de los males que padece la Humanidad. Me quiero detener, simplemente, en la imagen de la jarra cerrada (no caja) donde los males están impedidos de salir hasta que la tapa sea quitada. La imagen es evidente, y cientos de veces padecemos la ocasión en la que al “abrir una puerta” los males se desencadenan en cascada.
Y mi mente viaja a Irak. De ninguna manera hablaré bien de Saddam Hussein, tirano por cierto. Pero ¿es casualidad la cantidad de catástrofes que se desencadenaron desde que “el patrón del mal”, es decir los EEUU, se apropiaron de tierra, leyes, decisiones y -por supuesto, de petróleo? La guerra necesaria e indispensable -según ellos- contra el “estado islámico”, ¿cuándo se desencadenó?, ¿qué jarra se abrió para que estos aparecieran? ¿No estaba cerrada en tiempos pre-yankis?
¿Y en Egipto? ¿Y Hoko Haram? ¿Y Libia? Y podríamos seguir casi interminablemente mirando las innumerables catástrofes que se desatan sobre la humanidad.
Catástrofes que pone en funcionamiento, una vez más, la maquinaria del ejército de los USA como ocurre cada vez que un presidente cae en descrédito y no es muy valorado. O cada vez que la situación económica se deteriora y la industria armamentista quiere hacer su aporte al mundo. O ambas.
Pero tenemos la mente tan colonizada que podemos pensar una película donde un espía súper secreto va a rescatar, a salvar, o a desarmar enemigos en territorio súper-enemigo, pero nos resulta increíble que otro súper espía se introduzca en los EEUU para desarmar bombas, o rescatar cautivos (¡que los hay!
Empezando por Guantánamo, ¡y no sólo!). O podemos imaginar que la Virgen María se aparezca a unas niñas pidiendo la conversión del Comunismo internacional, pero es impensable imaginarla apareciéndose y pedir la conversión del Capitalismo. Y así, resulta grave, preocupante y debe ser sancionado si Vladimir Putin hace algo en Ucrania, pero debe ser aplaudido que Barak Obama bombardee los males que ellos mismos desparramaron sobre la tierra al abrir la jarra.
Es cierto que todos tenemos nuestros males diseminados cuando alguien “abrió la tapa”, y aparecen pequeños o grandes monstruos de la violencia o la desmesura cotidianas.
El autor es sacerdote católico, coordinador del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres (Argentina)

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