Mantener la esperanza

No creo que la única manera de contribuir para que haya más justicia social en el mundo, sea a través de acciones de masa. Esa es una forma. Existen millones de otras. La mía es menorcita, si se quiere. Poética, literaria. Micro espacial. En pequeños espacios.

Un color, una letra, una flor, un abrazo. La contemplación de la belleza. El trabajo sobre la memoria, la identidad, el pertenecimiento, la conciencia, el sentimento, la solidaridad. El reconocimiento mutuo que nos devuelve una sensación de fuerza comunitaria. La certeza de que es en estos espacios mínimos donde se construye y se sostiene una humanidad más sana y feliz.

Es importante combatir el crimen político institucionalizado, la violencia del estado y la opresión en todas sus formas. Pero también es importante ver que hay espacios que no pueden ser alcanzados por estos males. Creo que es un gran error mirar siempre hacia lo más lejano e inmutable y despreciar lo que está a nuestro alcance.

El confinamiento está siendo una gran oportunidad para revalorizar estas alternativas a nuestro alcance, en que damos pasos hacia lo que es eterno. Basta un cuaderno o una libreta, una mirada atenta y un corazón dispuesto a seguir apostando en la vida. Yo estoy hablando de cosas que conozco, que vengo practicando y que sé que le están dando resultado a muchas otras personas.

Mi memoria me recuerda que hubo tiempos en que también tuve que recurrir a estas acciones volcadas a lo interno e inmediato, como posibilidades de mantener el ánimo para seguir adelante. Fueron estos recursos: la fe, la alegría, la amistad. El afecto. La familia. La oración. El arte. La poesía. La canción. La esperanza.

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