Literopoiesis

Empezaba otro dia. Otra vez empezabas a poner letras en la hoja, a ver qué se forma. Oyes el canto de los pájaros. Ómnibus. Autos. Una frenada. El tictac de los relojes. Miras las formas de las letras, en vez de simplemente usarlas para escribir. Ves como hay una belleza en el diseño de varias de ellas. El tictac monótono del reloj. Monótono, de un solo tono. El ruído del ascensor. Otro pío de pájaro. Cómo uno no se cansa de escuchar el canto de los pájaros, o de verlos en los cables de la calle. Recordabas El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Esse placer, esa satisfacción profunda de leer y de escribir.

La caminata de ayer por la playa. La charla con tu amigo João. Doña Marieta en el hospital. Otra vez reparas en las formas de las letras. Hoy te gustaría estar solo con ella. Solo es con acento sólo cuando es adverbio, no cierto? Esa sensación agradable de paz, de estar en tu lugar cuando escribes. Es como si fueras más vos mismo al escribir. Al poner palabras en la hoja te ves, te encuentras, te conoces, te ordenas.

Es como si el mundo se resumiera para vos al escribir. Como si todo lo que has vivido y lo que conoces, lo que deseas y lo que sos, fueran estas letras, fueran lo que escribes. Te haces al escribir. Te vas haciendo cuando escribes. Hasta el desagrado por las presencias enfermizas com las cuales no tienes más remedio que convivir, pierden su fuerza odiosa si escribes, si dejas que las palabras te lleven o te traigan, te formen, jueguen com vos, te hagan y de deshagan, rehaciéndote de formas más felices cada vez, de formas cambiantes siempre, en la danza del escribir.

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