Jesús, hoy

No es de buen gusto hacer propaganda religiosa o política, propaganda en general. Menos aún ponerse a sí mismo como un supuesto referente indiscutible de verdad. Ni una ni otra cosa están presentes en mis intenciones al escribir estas líneas. La mejor manera de combatir al mal, es un enérgico progreso en el sentido del bien. Dice el I Ching, el libro de las mutaciones.

Diversas circunstancias de la vida me han llevado a tratar de ahondar en esta verdad, y en el comportamiento que ella inspira. Y es aquí donde viene Jesús. O mejor dicho, es en esto en que veo Jesús. No veo Jesús como la negación de ninguna cosa, pero hay cosas que niegan Jesús y el amor, aunque se presenten como su contrario. En esto tenemos que ser maduros.

El hecho de que uno elija combatir el mal haciendo el bien en la mayor escala posible, no significa que se desconozca el mal. Cuando uno combate el mal golpe por golpe, lo aumenta, lo potencializa. En esto veo Jesús. En que el amor incondicional, el amor que él trató de enseñarnos, su propia referencia humana como una guía de conducta para nosotros, gente de los días de hoy, es un desafío y una seguridad, al mismo tiempo.

Jesús es y seguirá siendo siempre un misterio, algo más allá de nuestra capacidad de entender o de comprender. Sin embargo, es una referencia segura. Hay algo en sus palabras, en sus hechos, en sus gestos, que nos ampara y nos guía. Yo dije al comienzo de estas breves notas, que no iría a hacer propaganda de nada, ni contra nada. No la haré, no creo haberla hecho. Creo sin embargo, que hay una necesidad de compartir lo que uno encuentra de bueno en la vida, y es esto lo que me mueve a querer compartir estas reflexiones.

He gastado mucha energía, como creo que vos habrás gastado también, combatiendo el mal. Hoy me parece que es más sensato, a esta altura de la vida, poner todas las energías en lo que es bueno, en lo que le hace bien a uno mismo y a los demás. Es aquí donde quiero poner unas conexiones a tierra, oriundas de experiencias de participación en movimientos sociales que de una manera o de otra, tienen que ver con Jesús, con el bien, con el regreso de la persona olvidada, con la des-alienación. En pocas palabras: con la alegría de vivir, con la recuperación de la propia identidad, con el sentirse parte del mundo y de la vida, con el saber que la liberación de cada uno es un proceso personal y social al mismo tiempo, de manera inseparable e indisoluble.

Formar parte de redes, ser parte de movimientos sociales, construir diariamente el hombre y la mujer nuevos, en la vida cotidiana, en casa, en el trabajo, en la familia, en la relación conyugal, donde uno esté, son desafíos a enfrentar para que estemos siempre construyendo una esperanza nueva que nos ilumine el camino. Y aquí otra vez, Jesús.

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