Estar

Me parece importante darle atención al estar, de preferencia al ser o al hacer, al menos por algunos momentos. El estar, una categoría de la existencia que se caracteriza por la presencia, y que es por lo tanto el locus por excelencia de la felicidad, casi se ha evaporado de la atención de mis contemporáneos y contemporáneas. Se le da mucha importancia al ser o al hacer, y poca o ninguna al estar, siendo que si uno no está, no es ni puede hacer nada.

No creo que te puedan parecer banales estas reflexiones, a menos que, de tanto haberte acostumbrado a no estar, simplemente te hayas ausentado del presente, el único lugar en el que alguien puede ser quien es. A veces la persona se ausentó, no se encuentra aquí, o no está aquí del todo, o no está de la forma como debería estar, ya que de tanto recibir órdenes, instrucciones, normas para que sea así o de la otra manera, y para que haga esto o aquello, dejó vacío el único lugar que le corresponde, el único lugar donde puede ser y hacer, el lugar donde, si está del todo presente, se puede eternizar y ser feliz, unificándose con el todo y con todo a su alrededor.

Me está pasando desde hace unos días, que he vuelto a estar, y el estar se me figura tan placentero y tan pleno, que me viene una como sensación de gozo muy profundo y antiguo, algo de la niñez, del comienzo de la vida, cuando no estaba lanzado a la infructífera tarea de tratar de ser lo que no soy, o a estar haciendo lo que fuera, no importa para qué o por qué.

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