Escribo para tener un lugar para mí (Aquí)

Escribo para tener un lugar para mí.
Un lugar donde yo puedo ser. Esto lo he dicho ya incontables veces, y lo seguiré diciendo. Es tan simple bajar a la hoja y quedarme aquí. Desde aquí me veo y veo el mundo. Entonces sé que soy posible. Sé que yo puedo ser. Lo digo y lo repito porque así se va reafirmando. Es como un clavo que uno le da y le da hasta que consigue fijarlo en su lugar.
Hay tanta presión para que me desdibuje, para que sea lo que no soy, quiera lo que no quiero, vaya adonde no quiero ir, haga lo que no quiero hacer. Aquí la fuerza está a mi favor, siempre. Puedo descansar de tanta exigencia. Me doy cuenta de que no necesito tanto esfuerzo para ser feliz.
En estas jornadas he ido recomponiendo la unidad de mi ser y de mi camino y experiencia. Cada vez que pongo algunas palabras a la hoja, es como si todo fuera teniendo sentido. Así es como fui llegando más y más hasta estar entero otra vez, como al comienzo. Idas y venidas, ensayos, intentos, búsquedas y encuentros, todo lo que es mi vida se reúne aquí.
Las victorias que me ha sido dado obtener, tan esenciales e íntimas. La recomposición contínua e indispensable en que consiste el existir. Los sueños y proyectos que me animan y orientan. El registro de aquellas cosas cotidianas que le dan belleza a la vida.
Una flor que adorna los retratos familiares. El canto del pájaro. La lluvia que musiquea sobre el techo. El arco-iris que suele dibujarse en el cielo como un recuerdo de Dios y su misericordia. Los bordados de ella que traen calidez y color a la casa.

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