Diario de un colifa

Escribir qué querés que escriba. Bajé porque no podía dormir. Insônia ya fue escrito. Sería procesado por los herederos y/o herederas de Graciliano Ramos. Angustia lo mismo. Serenidad igual. Divinidad. Iluminación. Cosas así. Una página en que las letras de mueven al compás de los movimientos de la mano. Como si las letras fueran pescaditos en un acuario. Por lo menos el libro ya tiene nombre: E. Es un buen nombre. Y talvez ya haya algunas historias. Más vale. Le falta dar la forma, construír un enriedo, hacer los personajes, todo eso. Es un fastidio. Trabajo. De algo hay que vivir, sí, ya sé. Pero no tengo ganas. Ahora no. De pronto me gustaría más volver a leer Weber en busca de los parágrafos no subrayados. Ese otro Weber que pulsa por detrás de la minuciosa geometría de los juicios de probabilidad y los costos valorativos de las elecciones.

Entregar a la Divina Madre todo: preocupaciones, deseos, miedos, anhelos. Como antes. El Movimiento de la Divina Madre. MDM. La Verdadera Orden ahora rebautizada de las Damas del Fuego o, resumidamente, del ajedrez. SOA. La sagrada orden del ajedrez. Prohibida la inscripción de ajedrecistas profesionales, hasta nueva orden. O bien la Orden de Monio. Satanistas están excluidos de antemano. Es sólo un juego de palabras. Te das cuenta. Más o menos, explicame de nuevo. Y…se trata de jugar con las parolas, o dejar que ellas jueguen con vos. Orden de Sorden. Orden de Nedro. ¿Quién es Nedro? No sé. Es orden al vesre, te fijas. Un poco. Todo sería distinto si leyéramos al contrario como Leonardo. Ordene, mi. ¿Mi qué? Mi seria. Mi sterio. Mi lico. Mi santropía. Mi mosa. Clave de Monio, no, ya empezaste de nuevo. Clave de re. Resignificar. Reencontrar. Recomenzar. Renacer. Rezar. Renault. Recife. Re re re.

Diario de un colifa.

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