De un día para el otro

Desde que me desperté hoy, han venido varias impresiones o recuerdos del ayer. Las películas que vimos en la televisión. Los X-Men. Wolverine entre ellos. Tormenta. La mujer azul, con su bello cuerpo marino. La otra película: Si fueras yo. El intercambio de identidad y papeles entre dos amigos.

El reencuentro con mis hijos e hijas, con Mendoza, con Argentina, conmigo mismo. Los vínculos creados, mantenidos y reforzados en el seno de la Terapia Comunitaria Integrativa, tal vez el más grande de mis espacios de enraizamento y crecimiento. Digo tal vez y ya me estoy enredando en una comparación inútil.

Por qué comparar, cómo comparar. Y también por qué no comparar. Tal vez mejor no comparar y sí integrar. Incluir . Sumar. Veo y siento lo que he venido aprendiendo en estos años en el espacio de la TCI, y sobresale la creación y el fortalecimento de vínculos solidarios.

Nuevas y viejas amistades. Personas que ya forman parte de mi vida, de manera profunda y real. Gente que amo y segiré amando. Y se siguen agregando. Gente en Brasil y Argentina. Uruguay y Bolivia. Venezuela y Colombia. Chile. América Latina y más allá.

Una nueva forma de verme y de ver a los demás. Una manera diferente de encarar el dolor y el sufrimiento. Recuperar la noción de que soy humano, y no un superhombre sin defectos o un ser perfecto, capaz de perdonar todo y comprender todo.

Comprender es necesario para poder perdonar. Pero no he perdonado todo. Hay cosas que las deberé seguir tratando de comprender, para poder perdonar y perdonarme. Pero ya voy sintiendo que estoy en el camino correcto. Seguir siendo quien soy, cada vez más un habitante de mi propio mundo.

De un día para el otro se acumulan muchas impresiones y sentimientos. Experiencias. A veces miro lo que ha sido y sigue siendo este mi estar cada vez más integrado en el espacio de la Terapia Comunitaria Integrativa, y puedo ver que ha sido y sigue siendo un itinerario de descubrimiento y reconciliación.

Descubrimiento de cosas que son comunes a mucha gente que se viene buscando y rescatando, saliendo de los papeles de víctima y verdugo. Recuperando una noción de uno mismo más virginal, reencontrando el niño o la niña interior que nos condujeron hasta este momento, venciendo todas las batallas, todos los desafíos. Podemos no ser super hombres o super mujeres, pero somos seres que están en el camino de reencontrar su propia identidad. Y esto es grandioso.

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