Creciendo

flor de almendroMiraba el teclado y, al hacerlo, veía ¡cuántos momentos pasados!Cuántas horas reconstruyendo lo vivido, compartiendo sentimientos, sueños, proyectos. Ahora el teclado estaba ahí. Las teclas como conteniendo tantas otras futuras anotaciones. Una tarde como esta, de calor, en Mendoza.

Y atendiendo ya a esa invitación, dejaría venir os sentimientos que lo embargaban. Sentimientos pasados, que habría que ir dejando que se transformaran. Sombras, noches, violencias pasadas. Todo debería seguir transformándose en flores y frutos, como lo había venido haciendo. Lo seguiría haciendo, pues es el trabajo de la vida.

O, al menos, parte de este trabajo. Transformar el estiércol en flores, o la mierda en flores. A veces las sombras del pasado parecen cernirse sobre vos, sobre este momento presente. Miras hacia atrás, ves lo que ya viviste, y sabes que hay un tiempo.

Verdaderamente hay un tiempo y una tarea. No es para que te rompas la espalda buscando una perfección imposible de alcanzar. Es solamente para aceptar. Esperar y aceptar. Aceptar y esperar activamente, con paciencia, que la semilla crezca y florezca.

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