Cuando tú te hayas ido

Ya te habías muerto. Tu rostro no era más tu rostro, esa suma de innúmeras miradas y sonrisas que se me quedó por el lado de adentro.

El mío ya no era más el mismo. Pero aprendí a llevarte dentro mío para siempre. El milagro aconteciera. Aprender a ignorar. Posibilidades de la abstracción. El loco. Amor incondicional.

Lo que no pudo ser mientras vivieras, era ahora un jardín ambulante. Autoestima. Espiritismo. Cada una de tus frases era un hilo que me envolvía.

El recuerdo de nuestras caminatas por la playa. Tu amor al turquesa del mar. Esa tu callada manera de amar a tu hijo muerto. Talvez no te conocí. Apenas vi una de tus faces. Pero fue lo bastante.

Ahora mis ojos te miran del sólo modo que les es posible. En los lugares que miraste. En las miradas que prodigaste. Cuando tú te hayas ido.

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