Creando un espacio más seguro y valioso para los defensores jóvenes de derechos humanos

Fue un viaje a Francia en 2015 el que inspiró la labor humanitaria y en pro de los derechos humanos de Bryan.

Al ver de primera mano las consecuencias para los derechos humanos con las que los migrantes a Francia se enfrentaban en ese momento, cuando volvió a casa, creó una organización, la Humanitarian Association of the Republic of Trinidad and Tobago (HARTT), la cual ofrecería ayuda humanitaria a las personas más vulnerables, con especial atención a los migrantes y refugiados.

«Quería ayudar a las personas que se enfrentan a la misma situación en mi propio país.  Una de las primeras cosas que hicimos fue colaborar con otra ONG local y con la University for the West Indies para poner en marcha las primeras clases de inglés para migrantes y refugiados que se ofrecían en el país,» explica Bryan.
Desde la creación de HARTT, su trabajo ha evolucionado y se ha ampliado, todavía siguen trabajando con migrantes y refugiados, pero tienen también una mayor ambición por mejorar la igualdad social en comunidades en Trinidad y Tobago.  Un área de trabajo destacado son los derechos de las mujeres y los derechos de las personas LGBTIQ, Bryan es también asesor en el Grupo de Asesoramiento de la Juventud del Fondo de Población de las Naciones Unidas y en el Queen’s Commonwealth Trust.

Seguridad de los defensores jóvenes de derechos humanos

A lo largo de sus años de activismo, Bryan ha observado que el espacio con que cuentan los jóvenes para defender sus derechos es, la mejor de las veces, limitado, y la peor de las veces, está amenazado.

«Si tú eres una persona joven y quieres cuestionar las opiniones de tu gobierno, o realizar preguntas realmente complicadas, dependiendo de a quién preguntes, esto implica un riesgo,» explica.  «Cuando cuestionas en público sus intereses, los riesgos son extremadamente elevados.»

Bryan explica que a la vez que sí existen vías para que los jóvenes expresen sus opiniones, que estas sean tomadas o no en serio supone otra cuestión.
«Aunque exista un espacio, este no nos ofrece las posibilidades o repercusiones que nos gustaría que tuviera,» asegura.

Los riesgos a los que se enfrentan los jóvenes no tienen porqué ser necesariamente la violencia directa, sino que también pueden ser emocionales o incluso económicos.  Bryan cuenta la historia de un compañero activista que protestó ante el Tribunal Superior de Justicia de Trinidad y Tobago para pedir la despenalización de las relaciones homosexuales, cuando sus padres descubrieron su participación en la protesta, le obligaron a abandonar su casa, y se convirtió en una persona sin hogar.

«El estigma es un factor que contribuye en gran medida a los riesgos a los que se pueden enfrentar los jóvenes activistas,» declara Bryan.  «A la vez que el riesgo de violencia sigue siendo real, no podemos olvidarnos de otros riesgos más sutiles, los cuales pueden afectar de forma drástica a las vidas y medios de vida de los jóvenes.»

Mayor participación, mayor protección

Bryan aboga por una participación mucho más relevante con jóvenes a nivel gubernamental.

«Los políticos han de preguntarse si están dejando participar a los jóvenes solo por el mero hecho de promover la participación, o si existe en realidad un proceso bien diseñado detrás, el cual podría conducir a un cambio verdadero de las políticas,» afirma.

Con el fin de tener conversaciones de mayores consecuencias con los jóvenes, Bryan también cree que los gobiernos han de ser más conscientes de la etapa vital que viven los jóvenes, y adaptar sus planteamientos en consecuencia.  «Tu manera de interactuar con una persona de 13 o 14 años no es la misma que con una persona de 18, o 24 años.»

Al mismo tiempo, Bryan demanda mejores mecanismos de protección para aquellos jóvenes que deciden expresar sus opiniones en público.  Una legislación para proteger a activistas individuales o a grupos que se centre en los derechos humanos es fundamental para conseguir una libertad de expresión real, afirma.

La importancia de estar presente

Los jóvenes son agentes del cambio, explica Bryan, y tienen una capacidad real de influir en las políticas y los derechos humanos.

A la vez que él cree en el poder que tienen las opiniones de los jóvenes, también afirma que su presencia puede ser igual de vital.  «Creo firmemente en la utilidad de estar presentes,» indica.  «Mostrar apoyo,  ya sea físicamente o en línea, también puede servir de ayuda.»

«Estar ahí, mostrar pequeñas señales de apoyo, como puede ser tener una bandera LGBTQ encima de tu mesa de trabajo, o una declaración en apoyo de una causa que acompañe a la firma de tu correo electrónico.  Estos detalles pueden ser menores, pero pueden dar fuerza a las personas que están en la línea del frente de las diferentes causas, y además pueden traer esperanza a las personas que aun no tienen el valor para dar un paso adelante.»

 

Este relato forma parte de Defensores de los derechos humanos —una serie periódica que presenta retratos de defensores de derechos humanos u organizaciones que los defienden—. La historia de activismo de Salazar forma parte de una serie inspirada por  el primer informe global en publicarse y que analiza la seguridad y protección de los jóvenes en el espacio cívico.

Exención de responsabilidades: Las ideas, informaciones y opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la persona entrevistada y no reflejan necesariamente la política ni la postura oficial del ACNUDH.

Fuente: ACNUDH (Naciones Unidas – Derechos Humanos)

(10/01/2022)

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