para el recuerdo de Jorge Enrique Ramponi
Entre viñas de oro andaba el niño
cuando el ala de un ángel tocó su frente clara.
Andaba el niño y no sabía
que el amor y la música descienden de los cielos.
Entre viñas de oro, fue en Lunlunta,
una limpia mañana del verano.
Sus ojos asombrados se anegaban en luz
recibía el bautismo del aire enamorado.
Silenciosos clarines celebraron la dicha del instante.
Andaba el niño y no sabía
que el amor y la música descienden de los cielos
