El momento justo

El momento justo. El momento preciso. La puerta estrecha de que habla el evangelio. He estado tratando de encontrar un poema o reflexión en que hablaba de esto. La precisión del instante. La focalización en el aquí y ahora.

Era algo más espontáneo. Una vivencia más que un pensamiento o reflexión. Ahora trato de capturar esa imagen o sentimiento. Tiene que ver con estar totalmente presente en cada cosa que hago.

Centrado y concentrado en cada acto. Esto, sin embargo, puede parecerse con disciplina o control. Tiene algo de eso, pero es más que eso. Es algo muy fino y sutil, que no estoy sabiendo expresar ahora.

Me doy cuenta de que existe un tiempo para todas las cosas, como dice el Eclesiastés. Tiendo a dispersarme en varias direcciones al mismo tiempo.

Mientras estoy haciendo algo mi imaginación, mis deseos y recuerdos, mis intenciones, se dirigen a otros lugares. Esto es parte de mi naturaleza.

No voy ahora que estoy volviendo a ser yo mismo, a querer dehacerme en función de algún ideal o idea de coherencia. Hay sin embargo una indicación preciosa en las palabras de Jesús.

“Allí donde esté tu tesoro, allí estará vuestro corazón.” No se trata de introducir más control, más programación, más exigencia. Es talvez lo contrario. Dejar de querer forzar tanto el curso de las cosas.

Focalizar, sí, sabiendo que en cada instante, en cada acto, está influyendo un sinnúmero de otras dimensiones del ser que no pueden ni deben ser amputadas o negadas. Se trata de vivir la unidad y la totalidad.

Una persona me manda un mensaje de afecto. Quiere encontrarse conmigo. Puede ser un familiar o un amigo. Sea como sea, ese contacto, ese encuentro, esa posibilidad, ese deseo, esa imaginación, son parte de mí.

Yo soy todo eso. Es persona es parte de mí. Lo que me doy cuenta es que cuando dejo de presionarme tanto en función de resultados esperados, estoy más presente. El presente no necesita ser forzado. Puedo esperarlo. Está aqui.

Yo soy esto. No hay más disociación entre lo que soy y lo que hago. No busco perfección. Me sucedió de sentirme dejado de lado por alguien. Me pregunté si esto era algo nuevo o viejo.

Si el sentimiento era del niño de ayer o del adulto de hoy. Era del niño de ayer. Acuné a mi niño interior. No necesito violentarme para convivir socialmente. No tengo que ser la persona que no soy.

No soy outra persona. Soy yo mismo. Mi río interno me consuela y guía. No es necesario que me violente para fingir alegría o atención o lo que sea, cuando estoy con otras personas. Estoy como estoy. Confío en mí mismo.

No necesito estar en tantos lugares o hacer tantas cosas. Finalmente todo sale bien. Esta es mi experiencia. Es lo que aprendí a lo largo de mi trayectoria de vida. Puedo esperar sin desesperarme. Yo sé que puedo.

Deixe uma resposta