Cara de golpe

En el año de 1966, el gobierno del general golpista que sacó del poder al Presidente de la Argentina, Dr. Arturo Umberto Illia, obligó a que durante años, tuviéramos que resistir a las acciones agresivas de quien viniera para destruir un país.

Eran asesinatos de estudiantes y de obreros. Ataques a los sindicatos, represión a todo lo que fueran manifestaciones populares. Obviamente, la resistencia tuvo también un carácter constructivo.

Al mismo tiempo que combatíamos las barbaridades del régimen ilegal, como ser las restricciones al acceso a la educación universitaria, íbamos construyendo un proyecto de universidad que incluía el saber horizontal, los actores sociales como cooperativas, sindicatos, etc.

En 2016, el golpe del ilegal e ilegítimo que pretende destituir a la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, tiene la misma cara de todo golpista. Ataque a los derechos sociales: cultura, educación, salud, habitación jubilación. Ataque a las libertades de expresión y manifestación.

Restricción a la propia libertad: las prisiones brasileñas tienen al menos un tercio de personas presas sin que hayan sido juzgadas. Hoy a la mañana pensaba y pienso en estas cosas. El poder y la oligarquía. Siempre el poder y la oligarquía. No pueden compartir con quien tiene menos, con quien trabaja, con quien crea.

Quieren imponer la explotación de la peor manera, con violencia, humillando. ¿Por qué? Pensaba en la falta de amor, en la falta de humanidad de los golpistas y de las golpistas de todos los tiempos. Gente sin amor. Mal amada. Podrían robar como lo han hecho siempre, sin necesidad de violentar a los de abajo. ¿Por qué los golpes son tan odiosos?

Por la impunidad. Por el abuso. Por la mentira. Por la fuerza bruta. Por la mezquindad. Son todo lo que detesto y detestaré siempre. Son la antítesis de lo humano. Entiendo lo humano como el compartir, el crecer juntos, en la diversidad. Crecer con la diferencia.

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