Yo guardo en una cartera
requechos de la que fui
y los despliego ante mis ojos
a solas
cuando la mayoría de las cosas
poco a poco
desaparecen sin hacer ruido.
Creo que estoy amasando unas arrugas
ideales para mentir sonrisas
cuando me invitan a tomar
cervezas y cervezas
y empiezo a decir palabras de burbujas
que ascienden apenas y rompen pronto.
He viajado desde muy lejos
pero sigo arrastrando mi cartera impresentable:
tiene bichitos de luz de noches de enero,
olor a bosta, a pasto quemado, a lluvia,
la equivocación de tantas muertes,
presentimientos, señales, sueños,
y un desfallecer de bailar apretado.
