Y por todo esto, digo…

Por Mariú Carrera

Hace 42 años, (la vida completa de nuestros hijos e hijas), el Terrorismo de Estado asoló el cuerpo de la nación que no es otro que cada uno de nuestros cuerpos. Nunca he sabido si fue apenas alcanzamos a sacar la respiración después de los secuestros de nuestros familiares y compañeros porque a veces pienso que aún hoy no sacamos la respiración; pero sí sé que fue en aquel preciso instante en que comenzó nuestra lucha, nuestra búsqueda y nuestro encuentro. Buscando a nuestras parejas, hermanos y hermanas, niños y niñas por nacer, sobrinos, primos, compañeras y compañeros nos encontramos con otras personas que también buscaban saber adónde se los habían llevado, cuándo los regresarían, de qué les acusaban, ¿dónde están nuestros seres queridos? De ese modo nos unimos en Familiares de detenidos desaparecidos por razones políticas.

Desde hace 42 años estamos juntos y nada nos ha separado. Ni siquiera la muerte de nuestros padres y madres, hermanos, (porque los matrimonios Talquenca, Moyano, Bustamante, Reta, De Marinis, Moriña Jung, Pacheco, Tenembaun, Escamez, Campos, Gutiérrez Zahzú, mi mamá y mi papá, Albino Pérez, la señora de Luna, Dulce María, Clelia de Forniés, la señora Zingaretti, la señora Vila Bustos, Evie Hunt y su mamá, Margarita Barrera Oro, Elsa Becerra, Hilda Bisone, la señora D’Amico, el señor Farrando, Mafalda Grégori,la señora Granic, la señora Illa, Julia Santini, la señora Schneider, la señora de Saroff, Raquel y María Angélica Palacios siempre están a nuestro lado), la muerte, digo, no ha podido hacernos olvidar la razón de nuestro permanecer unidos.

Durante muchos años exigimos Verdad y Justicia creyendo ilusamente que Verdad quería decir que los encontraríamos, los regresarían a nuestro lado y la vida seguiría como la habíamos planeado. El paso del tiempo y todos sus aconteceres habitando nuestro cuerpo nos fue enfrentando a una profundidad que nunca habíamos querido ni imaginar. Pero siempre sostuvimos estos dos principios vitales: Verdad y Justicia. Personalmente advertí, en algún instante que agradezco, que separarme de esas potencias hubiera sido alejarme para siempre de los que amo, de los compañeros y compañeras que la dictadura cívico militar y eclesiástica había sometido a la desaparición forzada.

Nuestra lucha y resistencia durante más de 30 años se sostuvo de manera permanente hasta lograr que la justicia nos oyera, hasta dar con personas que estaban decididas a cumplir su auténtico rol de jueces, fiscales, defensores. En la justicia entregamos los datos, la información que conocíamos desde el mismo momento en que se los llevaron; lo hicimos en la justicia aceptando esas reglas de juego democrático sostenidos indudablemente por la memoria de los que buscaron a sus hijos e hijas respetando a rajatabla las leyes de la democracia.

Fueron largos y duros años de lucha pero quizás ése es el camino que se necesita recorrer para alcanzar Verdad y Justicia. Fue de ese modo, disputando cada centímetro de Tribunales Federales como pudimos llegar al Cuadro 33 del cementerio de Capital y lograr que la justicia ordenara la venida del Equipo Argentino de Antropología Forense. Este equipo con su invalorable esfuerzo fue la continuación de nuestras propias manos: ellos movidos por el respeto y el amor excavaron tumbas de casi cuatro metros en un predio de 100 metros por 80, buscando los cuerpos de nuestras compañeras y compañeros; es decir, buscando para la Justicia la prueba del crimen cometido por el terrorismo de estado, la prueba del genocidio.

Participando en la casi totalidad de audiencias en los juicios que se llevan a cabo en esta capital, en San Rafael, San Juan, Córdoba, Buenos Aires, a escasos metros de quienes fueron los culpables reconocidos de nuestra tragedia, escuchando a sus defensores y bancando lo más estoicamente posible la reiteración de sus falsedades pero comprendiendo los pasos para obtener justicia, fuimos resignificando, aprendiendo, agradeciendo la posibilidad de vencer lentamente la subversión del orden natural de la vida a la que fuimos arrojados. Sólo en ese espacio de la Verdad y la Justicia sé que puedo compartir con tamaños asesinos el mismo aire. En ningún otro lugar, en ningún otro tiempo. Sólo ahí ante un Tribunal donde se encuentran nuestros querellantes, sus defensores y nuestros compañeros y compañeras eternamente amados, nuestros padres y madres, hermanos y hermanas y todos aquellos que, aún descalzos y caminando por las piedras, buscamos y buscaremos siempre Verdad y Justicia.

Por todo esto y en estos largos días en que la mentira y la violencia pretenden enseñorearse sin piedad, por todo esto digo que los organismos de derechos humanos no son fascistas.

Fuente: La Quinta Pata (16-06-2019)

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