Voy a contar mi historia

Me gustaría empezar a contar mi historia pero no sé por dónde empezar. Si escribirla como mi historia personal, van a decir que, y si en 3ª. persona dirán que. Y entonces digo la voy a contar como me venga en ganas, o como me salga, y al que no le guste que cierre el libro, por no decirlo de otro modo. Me gustaría hacerlo por la división del trabajo, vos te vas a encargar de esto, vos de aquello, vos de lo de más allá, lo juntamos todo, y lo ponemos en el papel, que como quieren estos tiempos, es un papel virtual, una hoja de cristal que algunos imprimen y se llevan a su casa y otros la dejan ahí nomás que se la lleve el viento.

–No te pongas así, y cómo querés que me ponga, si con los años de estrada que tenho, ainda no sé si lo escribo en portuñol o en qué. Y bueno, che, que le vachaché, hacelo como te venga, no te pongai así. Y si no es así, como querís que me ponga, loco. Ahí va queriendo, tipo, ya me va gustando más. Empezá desde el final, no sé si me explico, empezá desde la muerte, como no sé quién y sabés sí pero no querés decir. Empezá desde la final, como decía ya sabés quién pero las lectoras y lectores no sabrán de quién estás hablando. Y por qué tendrían que saber, que chusmas que son, che. Al final, son cositas mías, ¿no le parece a usté? A mi sí, y a vos, a ninguno de los dos.

–Comienzo diciendo que soy Rolando Lazarte.
–Pero ché, ya te ponés en primer plano, egocéntrico y febril. Porque los hijos, porque la renuncia, porque desaparecer. No, che, con los desaparecidos no. Ya va a llamar María y vas a tener que parar para llevar la televisión al técnico, no sé si te fijás o si estoy siendo claro.
–Bueno, sí, comienzo diciendo que soy Rolando Lazarte, vivo solo en una casa da Rua da Mata.
–Che, van a saber que vivís solo y qué van a decir, que sos esto, que sos lo otro, lo de más allá.
–Pero dejame hablar, no seas hediondo. Como te iba diciendo, vivo solo en la rua da Mata, pero che, sos un bicho para vivir en la mata. Mirá que si te descubre te mata. ¿Quién? Edy.

Edy me chantajeó durante años con cosas que algunos que se hacían mis amigos, me echaron en cara y hasta hoy no me hablan por eso. Yo no sé por qué darle tantas vueltas a eso, al final, amigos son para aceptarte como sos, no te parece?
–A mí sí, ¿y a vos?
–Ya empezás, qué tiene que ver lo que a mí me parece o me desaparece o ¿no te parece? Si no te bancan, olvidalos, a pesar que Borges.

–Cómo a pesar que Borges, hablá bien, che, no te comas las palabras, qué vana decir, que sos un matuto.
–Un chuncano, aclarales si no no van a saber de qué estás hablando, ¿te das cuenta?
Y acabala con tanta muletilla que nadie se las banca. Una vez u otra está bien, pero así ya es demasiado.

–Sí bueno, lo que quería decir es que a pesar de que Borges dice no haber olvido, olvido amigos que me dejaron cuando me enfermé. Les enfermó la cabeza verme mal, se vieron en mí, mal, y me dejaron, mal. ¿No está mal? Está, sí, pero ¿qué hubieras hecho en su lugar? Los hubiera dejado, también, me parece. ¿No te parece?
–Aquél con quien viajabas, tu primo, ¿dónde quedó, qué fue de él?
–Se hizo famoso
–Envidioso, le tenés envidia porque vive del arte y vos no.
–¿Como que no? Yo también escribo, ¿no es un arte?
–Vos sabés de que arte hablo, Lazarte. El arte de pintar, como los dos pintaban, él pinta y vos no, ¿te pinta?
–Mirá, pinté y sigo pintado con palabras, ¿te das cuenta?
–Ya volviste con las muletillas, acabala, ¿te das cuenta?
–Me volvés loco, loco. Los/as lectores/as van a decir que les devuelvan el dinero ya que esto no va a lugar alguno, ¿te das cuenta?
–Problema de ellos, ¿te das cuenta? Si no les gusta, que lo donen a alguna ONG o a esas bibliotecas de barrio, ¿te das cuenta?
–Me doy cuenta, pero ya me enfermás la cabeza con tantas vueltas y repeticiones, tantos te das cuenta, te das cuenta, que si me doy cuenta o no me doy cuenta, si se dan cuenta o no se dan cuenta, al final, ¿a quién cuenta?

Deixe uma resposta