Vivir concientemente

¿Qué estoy haciendo? ¿Qué hago? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Para qué?

Estas preguntas me ayudan a encontrarle sentido a lo que hago. Mejor dicho, ellas me ayudan a darle sentido a lo que hago. Dejo el automatismo y la mecanización.

La mera costumbre, el hábito, la rutina, van disminuyendo la atención. El actuar el estar aquí, se van vaciando si no estoy yo. La acción no existe sin el sujeto.

Si yo no estoy no hay nada. Si estoy presente todo está bien, aunque no lo esté. Estas observaciones tienen sentido si se mira la vida cotidiana como un espacio donde transcurre la mayor parte de nuestro existir.

Cuando vivimos sin prestar atención a lo que hacemos, nos vamos enajenando. Algo está aquí pero no soy yo. Algo aquí piensa pero estos pensamentos no son míos. Algo siente pero no son sentimientos míos.

Una vida sin sentido es casi una no-vida. He luchado desde muy temprano contra lo que amenaza robarle sentido al existir.

La obediencia ciega, la mera repetición acrítica e inconsciente, vacían al ser. La imaginación y la atención, la observación, la creatividad, el juego, al contrario, presentifican al ser. Soy más cuanto más aquí estoy.

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