Valoración positiva de la protesta social argentina

Las recientes manifestaciones en Argentina, contra las pretensiones re-reeleccionistas de Cristina Kirchner, merecen una valoración extremamente positiva, independientemente del juicio de valor que merezca la gestión del actual gobierno.

Lo que está en juego, o, mejor dicho, una de las cuestiones que están en juego, es de extrema importancia: la población argentina está demostrando, con estas protestas callejeras, que está superando el miedo que quedó introyectado después de la atroz ditadura cívico-militar que asoló el país entre 1976 y 1983.

Esta cultura del miedo, que tiene una tradición larga en la Argentina, se perpetuó después de la retirada del grupo dictatorial en 1983, de varias formas. Una de ellas, la repetida matanza de militantes sociales de tiempos en tiempos, entre los cuales cabe recordar Mariano Ferreyra.

Que la gente salga a la calle a decir que no quiere que se reforme la Constitución Nacional para permitir que Crisitna Kirchner gobierne por terceira vez en la Argentina, es saludable aún desde otro punto de vista: la salud de las instituciones republicanas y de la democracia.

Hay aún otro punto positivo en estas protestas: ellas nacen de un cansancio frente a un estilo de gobernar autoritario y prepotente, que ignora y descalifica sistematicamente a quienes piensan distinto, cuando no los compra o los soborna o los amedrenta.

Por todos estos motivos, no podemos sino alegrarnos y saludar al pueblo argentino, en la expectativa de que estas manifestaciones de santa ira frente al absolutismo totalitario, acaben generando un polo opositor social y político alternativo al modelo dominante.

Para concluir, solo cabe expresar tristeza frente a la claudicación de intelectuales que hoy defienden al oficialismo, a pesar de en el pasado haber actuado favor de los de abajo, de las clases populares y de un proyecto político de país autonomista y pluralista.

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