Un viaje para aliviar el peso del equipaje. Formación en Terapia Comunitaria Integrativa

La Formación en Terapia Comunitaria Integrativa es un proceso que me recuerda un viaje. Un viaje que quizás espero hace mucho, pero solo ahora encontré tiempo y disponibilidad emocional para realizarlo.

Un viaje un poco diferente de todos los otros viajes que he emprendido, porque si bien es cierto tengo una idea de la ruta y los lugares que quiero visitar, este me sorprende constantemente con imprevistos, encuentros, espacios y emociones que no imaginaba que iría a encontrar en el camino.

Los viajes, así como la vida, obedecen al imprevisto y será mi forma de encarar las sorpresas lo que harán de este trayecto algo hermoso de ser recordado.

Al iniciar este proceso que significa formarse como Terapeuta Comunitaria me doy cuenta, antes de la primera escala, que para poder continuar necesito dejar algo del equipaje que traía conmigo. 

En esta mochila que llevo como equipaje, con todo lo que considero indispensable para poder vivir, cargo mis creencias, mis teorías, mis certezas y mis prejuicios.  También cargo mis valores, mis objetos preferidos, mis logros y trofeos.  Cargo recuerdos y expectativas para el futuro.  Cargo todo lo que han dicho de mí y todo lo que yo me he dicho a mi misma y, mientras camino, mi cuerpo empieza a sentir el peso que llevo conmigo.

La opción de revaluar mi equipaje y descargar un poco la mochila que llevo no es fácil, requiere de tiempo y cuidado dejar atrás objetos, ideas, creencias y pensamientos que, hasta este momento, eran mi alimento.  Requiere también respeto y cariño proteger, con mucho cuidado, aquello que considero precioso y frágil

El deseo de cuidar, sanar, ayudar y salvar a otros y otras son quizás los más difíciles de dejar si es que, en el proceso del viaje, no me doy cuenta que el viaje es mio y solamente mio. 

Es cierto que durante el viaje me encontraré con muchas personas caminando en el mismo sendero.  Personas que gentilmente me ofrecerán su compañía, su amistad y hombros donde apoyarme cada vez que me canse o sienta que puedo caer.  Personas a las que les ofreceré mis manos y hombros cada vez que sientan que el camino se les puso cuesta arriba.

Al aceptar estos hombros amigos y al ofrecerlos, descubro la belleza de poder caminar sin miedo a lo desconocido.  Descubro que no camino sola.  Descubro que me acompañan muchos y muchas y, con el tiempo, aprendo a respetar mi ritmo y el de quienes me acompañan.

Tal vez parece incoherente decir que el viaje es solo mio cuando al mismo tiempo me rodeo de muchas y muchos en el camino, pero esa es la gracia de este viaje. Un viaje que realizo sola y al mismo tiempo acompañada.  Un viaje donde aprenderé a valorar a quienes me entregan sus manos, sus hombros y experiencias de vida sin exigirme nada a cambio.  Un viaje donde aprendo a compartir, generosamente, mis manos, mis hombros y experiencias de vida sin dejar a nadie en deuda conmigo.

Un viaje hacia lo más profundo y escondido de mi ser, donde al aceptar el desafio de recorrerme, me encuentro y en este encuentro acepto que muchas de mis creencias, teorías, dogmas y prejuicios pueden quedar atrás. 

Será en este encuentro conmigo misma donde podré sacar de mi mochila el deseo de sanar, ayudar y salvar a otros, a otras.

Y, de una forma que no es fácil explicar, cuando dejo de cargar esos antiguos deseos, algo increíble sucede: se abren espacios para deseos nuevos y livianos.  Se abren espacios para desear cuidarme, protegerme y sanarme y, al hacerlo, me doy cuenta que al cuidarme, cuido.

En este gran viaje aprendo a mirar como positivo los imprevistos, los errores, cambios y sorpresas que suceden durante el camino.  Aprendo que el miedo, un gran aliado en otros viajes, en este puede ser re significado como aventura.

Sabré que he llegado cuando pueda mostrar a todos quienes quieran verlo, aquello que al inicio, por considerarlo frágil, guardé con tanto esmero.


Fuente: NUTRAM- Salud Comunitaria (06-09-2020)

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