Un nuevo día

Esta mañana las murizocas me sacaron de la cama. Anoche un vigía vino a mi llamado, pues me había llevado un susto al descubrir una maceta caída en el garage.

Entre ese ayer y este hoy, entre el susto de anoche y el recomienzo de esta mañana, querido/lector/a, pasó una noche en que debo haber soñado sin saber lo que soñé, y empieza un día con aquellos resabios o resaca que quedan del día anterior.

¿Será que el vigía era un vigía? No había anda que lo identificase. Le dije que estaríamos fuera por unos días. Miró el atelier y el patio, quiso subir al techo peo no lo hizo. ¿Y si no era vigía?

¿Y si no fue un gato el que derribó la maceta en el garaje? Y si las culpas, y si los miedos, y si la envidia, las preocupaciones, dejaran por fin de visitarme o yo de darles cabida.

Culpas por errores de ayer que me averguenzan, en que amistades fueron agredidas sin que lo supiera, por actitudes y comportamentos míos que aún me incomodan.

Trato de perdonarme, de comprender, de saber que no fue a propósito. Pero rabia y dolor permanecen.

Llagas no desparecen pero de ellas pueden brotar, brotarán un día, flores.

La magia, la alquimia de verse libre de una vez por todas de todo lo que le hace mal a uno, desde dentro, de los males internos y sus reflejos externos, la gente que no nos habla más por cosas que hicimos o dejamos de hacer, resulta de arduo trabajo, de una labor constante de elección de nuevos hábitos, nuevos caminos, nuevas relaciones neuronales.

Si tu plenitud me incomoda, me da celos, envidia, rabia pues tienes lo que creo no tener, puedo hacer diferente.

Puedo verte como un espejo, como algo a alcanzar y no a combatir. Perder y donar, dice la sabiduría. Puedo permitirme un nuevo día, si dejo el castigo y la depresión para atrás.

Un nuevo día es posible, si estoy aquí como algo nuevo, algo no vivido antes, sin nubes ni lastres del ayer, virgen, dispuesto.

Un nuevo presente es posible, aquí y ahora. Depende de ti, de mí, de cada uno/a de nosotros/as.

Solo yo puedo perdonarme, saber que no lo hice de propósito, con mala intención, pero sí con alteraciones que me llevaron a actuar así.

Puedo descubrir que hoy el amor abre para mí nuevos caminos, y que ese amor es algo real y concreto, verdadero y hermoso.

Una dádiva de Dios, un regalo de la vida, un presente, un don. Agradezco y ahora sí, puedo decir buen día agosto.

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